"Nicandro y Alda", escrito por Amancay Espíndola y
dirigido con delicadeza exquisita por Virginia Lombardo, pertenece a esa
categoría poco frecuente de obras que logran abrazar al espectador mientras le
hablan de aquello que también le pertenece.
La obra nace a partir de un hallazgo: un paquete de cartas
de amor que el padre de Amancay le escribió a su madre. Pero lo que podría
haber sido apenas una reconstrucción biográfica se transforma en algo mucho más
profundo. Porque cuando una historia es contada con honestidad, deja de ser
privada. Y entonces la vida de una familia se vuelve espejo de muchas otras
vidas.
Podríamos decir que Amancay realiza un trabajo de sanación de linaje. Y quizá nos quedaríamos cortos. Porque lo que sucede en escena se parece mucho a una constelación familiar hecha teatro. Allí conviven generaciones, deseos, mandatos, silencios y valentías. Allí están la abuela, la madre y la hija. Allí está el amor oculto de dos jóvenes que desafían circunstancias y distancias. Allí está la mujer que sostuvo cuando sostener implicaba enfrentarse a las convenciones de una época. Y allí está también la hija, observando todo desde el presente, intentando comprender de qué materiales está hecha su propia historia.
El resultado es profundamente conmovedor.
Carlo Argento construye un Nicandro inolvidable. Su
presencia tiene la nobleza de aquellos hombres formales de una época, pero capaces
de escribir cartas de amor sin vergüenza y sin cinismo. Enamora desde la
ternura, desde la espera y desde una sensibilidad que hoy parece insurrecta.
Coni Marino encarna a Alda con una delicadeza que conmueve.
Su trabajo permite ver a una mujer -bellísima- atravesada por el amor, pero también por las
circunstancias y las renuncias que toda época impone.
María Nydia Ursi Ducó interpreta a esa abuela socialista,
fuerte y amorosa, capaz de acompañar a su hija aun cuando el mundo le indicaba
otro camino. Su personaje funciona como una columna ética y afectiva que
atraviesa toda la obra.
Y Amancay Espíndola realiza una tarea singular: se
interpreta a sí misma. Pero no desde el exhibicionismo autobiográfico, sino
desde una búsqueda profundamente artística. Es protagonista y observadora al
mismo tiempo. Testigo y heredera. Su presencia tiene algo de danza y algo de
evocación. Habita el escenario como quien recorre un sueño. Es etérea y
corpórea a la vez. Parece flotar entre recuerdos mientras intenta atrapar
aquello que el tiempo amenaza con borrar.
La belleza del espectáculo no reside únicamente en lo que
cuenta, sino en cómo lo cuenta. Hay algo onírico en su construcción, algo que
pertenece al territorio de los recuerdos y de los sueños. Y, sin embargo, todo
resulta profundamente verdadero.
La gacetilla dice que desde 1937 hasta hoy Nicandro y Alda
atraviesan el tiempo en un vagón postal. Es una hermosa definición. Pero quizá
podría agregarse otra: también atraviesan nuestros corazones.
En tiempos perforados por la velocidad, la fragmentación y
los vínculos descartables, "Nicandro y Alda" se atreve a hablar del amor. Sin
ironía ni crítica sino como una fuerza capaz de sanar, de unir generaciones y desafiar
épocas. Y ese gesto, lejos de ser ingenuo, resulta hoy profundamente
revolucionario.
Porque hay historias que no sólo se cuentan. Hay historias
que reparan. Y esta es una de ellas.
QUIÉNES LO HACEN:
Autora: Amancay Espíndola
Elenco: Carlo Argento, Amancay Espíndola, Coni Marino, Maria Nydia Ursi Ducó
Vestuario y escenografía: Alejandro Mateo
Diseño de luces: Leandra Rodríguez
Diseño sonoro: Mariano Cossa
Asistencia de dirección: Brizna De Luz Martinez
Prensa: Natalia Bocca
Productor asociado: Pablo Paissanidis
Dirección: Virginia Lombardo
DÓNDE LO HACEN:
PATIO DE ACTORES
Lerma 568 - CABA
Sábados a las 18:00 hs











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