Hay espectáculos que se disfrutan. Y hay otros que, además, se quedan a vivir un tiempo con nosotros. "Todo lo que queda" pertenece a esa segunda categoría.
A partir de una herencia material, dos hermanos se ven obligados a enfrentarse con una herencia mucho más compleja: la de los recuerdos, los silencios, los afectos, los mandatos y las heridas compartidas. O aparentemente compartidas. Porque una de las preguntas que atraviesa la obra es justamente esa: ¿cuánto de una misma historia fue realmente igual para quienes la vivieron?
Dirigidos con sensibilidad e inteligencia por Javier Lejwa, habitan un universo donde el lenguaje clownesco despliega toda su potencia poética. El humor aparece como una forma de conocimiento. La torpeza, el delirio y el juego se transforman en herramientas para explorar territorios complejos: el duelo por la muerte del padre, la construcción de la identidad, las miserias humanas, el amor, la desconfianza y esa extraña arbitrariedad con la que funciona la memoria.
Porque la obra nos recuerda algo esencial: no recordamos los hechos, recordamos nuestra versión de los hechos. Y allí, en ese territorio inestable, se construyen muchas veces los vínculos familiares.
El dispositivo escénico es minimalista y eficaz. El diseño lumínico acompaña con precisión. Nada sobra. Nada distrae. Todo está puesto al servicio de la actuación y del relato.
Y entonces ocurre algo hermoso: el espectador pasa de la carcajada franca a la emoción más profunda sin advertir el trayecto. Ríe. Se conmueve. Se reconoce.
Al terminar, uno sale de la sala con una sonrisa persistente. De esas que vuelven horas después, cuando ya está en otro lugar, y recuerda que durante un rato compartió una experiencia profundamente humana.
Y eso, en tiempos tan ruidosos, es un regalo enorme.
Como si fuera poco, es a la gorra.
NO SE LO PIERDAN.
Actores: Fernando Jeger, Gaston Jeger
Diseño De Iluminación: Braian Mustafá
Asistencia de dirección: Sandra Rojas
Dirección: Javier Lejwa


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