martes, 21 de abril de 2026

WESER: ese mar que somos todos

 

El mar respira en "Weser". Respira hondo, como si guardara secretos antiguos, como si en cada ola trajera una historia que no termina de decirse y la vez se dice sin tapujos. Y en ese ir y venir, Fernando Spiner construye, junto a Aníbal Saldívar, una película que no busca respuestas sino compañía. Compañía en la soledad, en el encierro, en ese tiempo suspendido que dejó la pandemia y que todavía resuena en los cuerpos.

Hay algo profundamente entrañable en este film, algo que abraza sin solemnidad. La vida y la muerte conviven sin estridencias, como si fueran parte de un mismo oleaje. La memoria aparece como territorio inevitable, y la historia —la nuestra, la colectiva— se filtra en cada rincón, en cada silencio, en cada gesto.

En ese universo, la presencia de Daniel Fanego es conmovedora en un sentido casi físico. Hay en su trabajo una verdad que desarma, una humanidad que late incluso en lo más mínimo. Se siente como un legado, como una huella que queda. 

A su lado, Valeria Lois transita una sensibilidad delicada, una forma de estar que acaricia la escena, que invita a protegerla en la fuerza de su dolor,  mientras Luis Ziembrowski irrumpe con esa intensidad tan suya, tan necesaria, con esa potencia que tensiona y completa.


La película se despliega también desde lo sensorial: la música que envuelve sin invadir, la dirección de arte que construye un mundo reconocible y, a la vez, onírico, y una edición precisa que acompasa este viaje interior. Todo parece sostener una misma respiración.

Fer Spiner se mueve en las aguas de su Villa Gesell adoptada y nada con una mezcla de pertenencia y extrañeza. Como si el verdadero territorio estuviera en otro lado: en los recuerdos, en las pérdidas, en aquello que no se puede nombrar del todo pero que hay que nombrar en forma urgente.

"Weser" no se impone, no subraya. Se deja habitar. Más que una película es un viaje espiritual. Y en ese viaje, propone algo tan simple como necesario: un encuentro. Con lo propio y con lo ajeno. Con lo que duele y con lo que todavía, pese a todo, insiste en latir.

Gracias por esta película. Por el temblor que deja. Por esa marea íntima que sigue moviéndose aun cuando ya salimos de la sala. Por recordarnos, con una delicadeza infinita, que incluso en la soledad más honda hay un hilo que nos une… y que el arte, cuando es verdadero, sabe cómo encontrarlo.

Si la ven programada en algún cine, no se la pierdan

Stella Matute
Abril, 2026
Tenerte al Tanto

lunes, 20 de abril de 2026

EL RUMOR DEL MAR EN CARNE VIVA: "SEGUNDA PRINCESA", de Alejandro Schiapacasse

 

El mar no está en escena, pero respira. La celda no está en escena, pero encierra. Laten en cada palabra, en cada silencio, en cada gesto de ese cuerpo que, solo, es capaz de sostener un mundo entero. “Segunda Princesa”, escrita, dirigida e interpretada por Alejandro Schiapacasse, es una de esas experiencias donde el teatro se vuelve acto de fe: creemos porque él cree.

Un banco, unas botas, guantes, una campera. Y, sin embargo, un pueblo costero. Los pescadores, las barcazas, las redes, la intemperie. Las frustraciones que se enquistan, la violencia que se niega. El correntino calentón, el gordo violento, la chica bonita, el perro endemoniado. Todos están ahí, a la vista del público, convocados por ese “polaco” soñador, enamorado, tierno, desesperado y brutal que Schiapacasse encarna con una precisión conmovedora. No los describe: los hace existir.

En “Segunda Princesa” el relato avanza sin fisuras, con una organicidad que atrapa y no suelta, que no da respiro. Hay una tensión sostenida, una expectativa que no se rompe nunca, como si el espectador estuviera también ahí, al borde de ese mar, esperando algo que no termina de llegar —o que puede llegar de la peor manera. La historia avanza como una red lanzada al mar, esperando su peso. El público queda suspendido en ese tiempo, en ese borde, acompañando cada deriva.

Lo más potente es la transformación constante. Schiapacasse no cambia de personaje: se vuelve territorio donde todos suceden. Los deja atravesarlo, los expone, los humaniza en sus luces y sus sombras. Y en ese tránsito, logra que también nosotros los veamos, casi como si pudiéramos tocarlos.

Hay en este trabajo una crudeza que no lastima, una belleza áspera –necesaria- y una poesía que no acicala: conviven, tensan, respiran juntas. “Segunda Princesa” es una actuación delicada y un relato que se sostiene de principio a fin en estado de expectación. Un recordatorio de que, cuando hay verdad, el teatro no necesita nada más que un cuerpo dispuesto a arder.

Stella Matute
Abril, 2026
Tenerte al Tanto

QUIENES LO HACEN:

Autor: Alejandro Schiappacasse

Actor: Alejandro Schiappacasse

Vestuario y Escenografía: Paula Molina

Diseño de luces: Lucas Orchessi

Asesoramiento artístico: Carlos Belloso

Asistencia de dirección: Arturo Leone

Prensa: Adriana Schottlender

Dirección general: Alejandro Schiappacasse

 

DOMINGOS DE ABRIL A LAS 20 HS

El Camarín de las Musas
Mario Bravo 960