miércoles, 18 de julio de 2018
MAMBA o de la infancia. Una experiencia sobre la guerra y la niñez
Un niño de unos cuatro años entra a un bar a pedir monedas. Recibe un NO por cada mesa.
¿Cuánto tardará ese niño en ser adolescente? ¿En ser adulto? ¿Llegará a la adolescencia? ¿Llegará a la adultez?
Una niña defiende su bolso del arrebato de un soldado en medio de una guerra. El soldado apunta y dispara. Una fotógrafa escondida también dispara su cámara. La niña muere.
Un niño cruza el mar en una balsa escapando del hambre. La balsa se hunde. La imagen del cuerpo del niño sin vida en una playa recorre el mundo como una estampita del horror.
¿Cuántos combates enfrenta la niñez? ¿Cuántos frentes hostiles la aniquilan?
La niñez es asesinada en las guerras y también de hambre y también de frío. También mueren niñas y niños en manos de pedófilos.
La niñez y la muerte
La niñez y la injusticia
Mamba o de la infancia nos enfrenta a estos temas. Y lo hace con poesía y con feroz ternura. Mamba o de la infancia habla de la guerra y de los niños, de la guerra y de las niñas. Y de las madres. Y de las médicas. Y de las enfermeras. Del terror, del horror y también de la esperanza.
Y la esperanza deberá construirse cuidando la niñez. Respetando de verdad los derechos de los más pequeños. En las guerras y en las calles. En las escuelas y en las casas. En las plazas, en los bares. Cuidándolos de los adultos que alguna vez fueron niños y lo olvidaron.
Cuidándolos no “en” las guerras sino “de” las guerras.
Mamba o de la infancia fragmenta el relato y nos fragmenta. Desordena el espacio y nos desordena las emociones. Arroja un alarido desesperado a favor de la paz y nos interpela.
Fernando Alegre es el responsable de una puesta tan conmovedora como feroz. Tan tierna como desesperada. Tan angustiante como esperanzadora.
Ojalá pudieran ofrecerlo en escuelas. Es una experiencia que muestra y enseña. Que sacude y acuna. Que exige y acaricia.
Y una experiencia así es necesario que la apoyemos con nuestra presencia en la platea. Porque es imprescindible hablar de algunas cosas.
Los domingos a las 19.30 en el Centro Cultural Borges.
Autoría:
Fernando Alegre, Beatriz Alvarez, Gloria Fiol, Trinidad Llaneza, Carolina Losicer, Miriam Torchia
Actúan:
Beatriz Alvarez, Gloria Fiol, Trinidad Llaneza, Carolina Losicer, Miriam Torchia
Vestuario:
Fernando Alegre, Pedro Muñóz
Escenografía y diseño de luces:
Fernando Alegre
Diseño sonoro:
Manuel Perez Vizan
Video:
Matías Erazo
Fotografía y diseño gráfico:
Fernando Briloni
Asistencia de dirección:
Eduardo Lázaro
Prensa:
Fóbicos Comunicadxs
Dirección:
Fernando Alegre
miércoles, 23 de mayo de 2018
FERNANDO MUSANTE presenta su primera novela en Argentores
Fernando Musante, cineasta, publicista, director, escritor y socio de Argentores, presenta su primera novela “Breve manual de instrucciones para asaltar un banco”, editada por Grupo Editorial Sur, en el Auditorio de la mencionada Entidad.
Dice el editor: “¿Asaltar un banco y cambiar de vida para siempre? Esta sorprendente novela de Fernando Musante tiene la fórmula mágica. No se necesitan muchas cosas: un hombre descubriendo que no será feliz jamás, una mujer asesinada con sus propias medias de nylon, un detective venido a menos, cartas arrojadas a un mar de tangos y persecuciones, una travesía sólo comparable con la del Adán Buenosayres de Marechal, maldiciones, pecados, misterios y tragedias. Con eso alcanza en una ciudad en la que, a toda hora y en cualquier lugar, todo el mundo parece estar planeando asaltar un banco. Prosa exquisita, incomparable sentido del humor y del amor, profundidad filosófica para una atrapante trama barrial. En este "Breve manual de instrucciones para asaltar un banco", fuera de tiempo, de las corrientes posmodernas, de las relaciones que se deshacen a través de las redes sociales y se derriten en una pantalla, Musante muestra esa vieja forma de amar, ese viejo asalto.
Un asalto para cambiar de vida, para siempre.”
La presentación tendrá lugar en el auditorio Gregorio de Laferrère de Argentores, el viernes 1º de junio a las 19. Participarán de la misma el cantante Jorge Bloise, la escritora Virginia Janza, el bandoneonista Nicolás Maceratesi, el locutor y periodista Ricardo Martinez Puente, el escritor Daniel Sorin y la violinista Mayumi Urgino.
Por cuestiones de espacio se ruega confirmar la presencia a tenertealtanto@gmail.com
Luego de la presentación se ofrecerá un vino de honor.
Fernando Musante (Buenos Aires, La Paternal, Argentina, 1947) es actor, dramaturgo, guionista y director de cine. Autor de las obras de teatro “Si yo fuera Buffalo Bill” (1982), “El gran yeite” (2009), autor de las letras originales del musical “Homero, el color de la sudestada” (2016, trabajo por el que fue distinguido con el premio ARGENTORES en 2017 por sus canciones compuestas junto a José Luis Castiñeira de Dios), “Lotte, una singspiel al gouache” (sin estrenar) y “Gertrudis” (de próximo estreno). Director y coguionista de “Maten a Perón”, película estrenada en 2005 por la que recibió el Premio Oesterheld. Productor y realizador en video de: “La pasión de Don Juan”, “El señor Galíndez”, “Criminal”, “Cyrano”, “Los mosqueteros del rey” y “Salsa criolla”.
“Breve manual de instrucciones para asaltar un banco” es su primera novela.
miércoles, 16 de mayo de 2018
CORAZÓN DE TITANIO, de Miguel Angel Diani
“De todo laberinto se sale por arriba” dijo Leopoldo Marechal. La frase de Don Leopoldo ancla en el mito de Dédalo, el arquitecto que creo el laberinto de Creta para encerrar al Minotauro. Allí debía quedar para siembre ese monstruo –mitad hombre, mitad toro– llamado Asterión, que había nacido por causa de la irritación de Ariadna.
Claro que el rey Minos, para que nadie conociera el camino de salida, encerró también allí a Dédalo y a su único hijo: Ícaro. El mito, como tantos otros, llega hasta nuestros días de distintas maneras. La psicología, las artes y hasta la filosofía han hecho lo suyo para desentrañar las alegorías que contienen cada una de estas narraciones. El teatro, por ejemplo, los ha tomado desde su nacimiento dando obras mayúsculas sobre todo en el campo de la tragedia. Y esto ha ocurrido desde los antiguos griegos hasta renacentistas y modernos y en “Corazón de titanio” Miguel Ángel Diani muestra que navega en esas aguas con singular pericia.
En “Corazón de Titanio” hay un héroe homérico digno ser parangonado con Aquiles, Ajax o Héctor que ha sido el faro que iluminaba a su hijo en la niñez, pero no lo vemos porque ha muerto tiempo antes. Eu hijo guarda el recuerdo de su sonrisa como el único tesoro de su pasado. Tal vez la única posibilidad de reunirse con algo que evoque aquellos días de felicidad esté oculto en una suerte de “caja china” que guarda su madre. Vale decir que “Corazón de titanio”, como toda tragedia que se precie de tal, está atrapada en el laberinto de lo pretérito. Aquella imagen paterna del semidios que atesoraba una fuerza hercúlea entre sus maxilares fue abatida por la piorrea.
Locura, padre muerto y una madre que ha escondido durante años pecados entre los que habitan la infidelidad, el abandono y algún que otro homicidio también pueden recordarnos a algún otro personaje trágico un poco más cercano a nuestros tiempos y que hablaba inglés, no griego.
La cosa es que en “Corazón de titanio”, una madre y un hijo deambulan por ese laberinto de horrores en el que el humor y el desparpajo del dramaturgo los desnuda con sólida estructura narrativa y pluma impiadosa. Claro está que el excelente resultado obtenido también se asienta en otras patas, a saber: las magníficas interpretaciones de Julia Azar y Grabiel Nicola; la impecable mirada y dirección de Alejandra Galdame y las exactas decisiones a la hora de vestir a los personajes y diseñar el espacio escenográfico que ha estado bajo la responsabilidad de: Escenografía asociada; Eugenio Zanetti, Iván Salvioli y Cecilia Carini.
Nuestra opinión: Excelente.
FERNANDO MUSANTE
Ficha técnico artística:
Autor: Miguel Angel Diani
Actúan: Julia Azar, Gabriel Nicola
Diseño de vestuario y escenografía: "Escenografía asociada" Eugenio Zanetti, Iván Salvioli y Cecilia Carini.
Diseño de luces: Mariano Bruno
Video: Plano Tres Toma Uno, Lacio Splendiani
Música original: Luis Sticco
Fotografía: Plano Tres Toma Uno, Lacio Splendiani
Diseño gráfico: Alejandra de Dios
Asistente de sonido: Marina Fredes
Asistencia de dirección: Adrean Tirinato
Prensa: Alfredo Monserrat
Producción: Hnos. Warnes
Dirección general: Alejandra Galdame
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943, C.A.B.A.
Teléfono: 4326-3606
Domingo - 20:00 hs. (PUNTUAL)
viernes, 20 de abril de 2018
"BÁJAME LA LÁMPARA -concierto de palabras-" volvió a la cartelera en mismo día y horario
"Bájame la lámpara -concierto de palabras-", de Francisco Pesqueira cuenta a Carmen, Ana y Livia que son la nodriza de Alfonsina Storni, la empleada de Idea Vilariño y la asistente de Alejandra Pizarnik respectivamente.
A la vez son Lidia Catalano, Miriam Martino y Stella Matute contándonos sus historias. Tres mujeres que cuentan a tres mujeres que trabajaron con tres mujeres. Mujeres poetas, mujeres trabajadoras, mujeres actrices.
-¿Quién es quién?, suelen preguntarse los espectadores.
-Todas somos todas, contestan ellas.
Acompañadas por la exquisita Mirta Alvarez en guitarra y canto, ellas ofrecen un concierto de palabras. Que son cuentos, que son canciones. Que son poesía habitada.
Dirección y puesta en escena: Emiliano Samar
"BAJAME LA LAMPARA"
SÁBADOS A LAS 19 hs.
TEATRO IFT
Boulogne Sur Mer 549 - C.A.B.A.
Reservas: por Alternativa Teatral o andruwiderker@yahoo.com.ar - +54 9 11 6705-3981
Etiquetas:
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Teatro IFT,
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miércoles, 7 de marzo de 2018
Detrás de una gran mujer, suele construirse un gran hombre
Yo, Encarnación Ezcurra
de Cristina Escofet
Cuando una mujer se atreve a atravesar la frontera del
mandato patriarcal y entra sin pedir permiso a mundos que son mayoritariamente
masculinos, pasan cosas. Algo sucede. Y ese suceder incomoda. Así ha sido
siempre. Aún hoy, aunque parezca que se va destejiendo el entramado de
prejuicios que envuelve la presencia de una mujer en el mundo de la política. En
cuanto una mujer se acerca al poder, de la forma que sea, enseguida se la tilda
de fea, autoritaria, soberbia, cruel, arribista, entre otros muchos des-calificativos.
Nuestra historia tiene varios ejemplos al respecto. Entre ellas está Encarnación Ezcurra, la brava esposa
del General Don Juan Manuel de Rosas.
La dramaturga, y amiga queridísima, Cristina Escofet ya nos tiene acostumbrados a interpelarnos,
provocarnos, incomodarnos, conmovernos y
emocionarnos con su mirada sobre personajes históricos. Así lo hizo con la
potencia de su “Bastarda sin nombre” y
con su entrañable “Padre Carlos”. Ahora nos propone espiar a Encarnación en la intimidad de sus confesiones póstumas.
Desde un
escenario con escasos y exquisitos elementos, Encarnación nos cuenta de su bravura, de su amor, de su pasión, de
su negritud, de su lealtad, de sus enojos, de sus sufrimientos, de sus frustraciones,
de sus sueños, de sus ganas y desde todo eso nos habla del nacimiento de la
Patria, de traiciones, de guerra, de injusticias y de luchas. El espectador
entra de su mano a la Historia, y queda suspendido en un tiempo sin tiempo, que
es Ayer y es Hoy. Escucha los gritos, huele la sangre, llora los horrores y ríe
las ironías. Y por sobre todo, sufre las injusticias.
Encarnación es Encarnación y es muchas otras mujeres.
Algunas muy conocidas y otras tantas olvidadas por la historia. Como ella, que
ayudó a construir al líder y murió postergada por las leyes de su tiempo y las
trampas del poder.
Para ingresarnos en este relato, Cristina Escofet contó con la perfecta “horma para sus zapatos”:
Por un lado, con la siempre prolija y talentosa mano del director Andrés Bazzalo que con gran ascetismo,
precisión y belleza reconstruye la época y provoca al espectador con una
cercanía que intimida en la difícil sala de tres frentes. Y por otro, con la descomunal Lorena Vega. Actriz inmensa, dúctil, sensual, de la que sólo se
me ocurre decir que: Encarnación Ezcurra
encarna la bravura, la fortaleza, la valentía, la sensibilidad, los temores, la
fuerza. Y Lorena Vega encarna a Encarnación.
Completan la espléndida e intensa hora que dura el
espectáculo, un gran trabajo de ambientación y vetuario de Adriana Dicaprio y otro gran acierto del director: un trío de músicos que dialogan
con la protagonista al ritmo de tambores y voces, interpretados por Agustin Flores Muñoz, Martín Miconi, Malena Zuelgaray.
La cartelera porteña puede sentirse privilegiada con “Yo, Encarnación Ezcurra” ofreciéndose
los domingos a las 18 en el mítico
Teatro del Pueblo.
STELLA MATUTE
Ficha técnico-artística
Autora: Cristina Escofet
Actúan: Lorena Vega
Músicos: Agustin Flores Muñoz, Martín Miconi, Malena Zuelgaray
Vestuario: Adriana Dicaprio
Diseño de luces: Soledad Ianni
Música original: Agustin Flores Muñoz, Sebastián Guevara, Malena Zuelgaray
Fotografía: Lucio Bazzalo
Diseño gráfico: Lucio Bazzalo
Asesoramiento artístico: Adriana Dicaprio
Asistencia de dirección: Pablo Cusenza
Prensa: Silvina Pizarro
Arreglos musicales: Agustin Flores Muñoz, Sebastián Guevara, Malena Zuelgaray
Dirección musical: Agustin Flores Muñoz
Dirección general: Andrés Bazzalo
Este espectáculo formó parte del evento: Semana del teatro independiente 2017
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4326-3606
Entrada: $ 250,00 / $ 220,00 - Domingo - 18:00 hs
lunes, 2 de octubre de 2017
BÁJAME LA LÁMPARA, de Francisco Pesqueira
En el derecho procesal existe la figura “generales de la ley”. Dice el código que es necesario que los jueces pregunten a los testigos de un hecho por su relación de parentesco, afecto o desafecto, o interés con los sujetos y asuntos sobre los que va a testimoniar; esto servirá a Sus Señorías para ponderar si cuestiones subjetivas afectan las declaraciones.
Bien, sabiéndome comprendido por las generales de la ley por motivos varios: lo admito y paso a comentar mi parecer sobre “BÁJAME LA LÁMPARA, Concierto de palabras” de Francisco Pesqueira.
Pesqueira bucea en la poesía de Alfonsina Storni, Idea Vilariño y Alejandra Pizarnik a través de las miradas de tres personas que –ficción mediante– habrían habitado la cotidianeidad de las poetas, con sus secretos, intimidades y hasta berrinches. Carmen (Lidia Catalano), es la nodriza de Alfonsina; Ana (Miriam Martino) es la empleada de Idea; y Livia (Stella Matute) la asistente de Alejandra. Las tres actrices despliegan sus excelentes interpretaciones acunadas con la exquisita música de la honda guitarrista, compositora y cantante Mirta Álvarez.
Emiliano Samar, el director de este espectáculo, ha conducido con mano maestra todas y cada una de las piezas de este montaje. Porque, y valga el juego de palabras, la puesta de Samar es una apuesta a la belleza. La economía de recursos jamás roza el minimalismo. Las actuaciones conmueven cuando expresan dolores, emocionan cuando cantan y desbordan sensualidad cuando se entregan al jolgorio.
Hay un lugar en común para las tres y ese terreno “oniroide”, parece ser el discreto sitio dónde las nueve musas convidan a las actrices a navegar por las palabras de Alfonsina, Idea y Alejandra. La escenografía de Carlos Di Pasquo, el diseño de luces de Carlo Argento y el vestuario de Sandra Ligabue son sostenes de esta particular estructura dramática con oximorónica mixtura de suavidad y contundencia.
–¡Alejandra… te extraño! –Clama Livia al borde del aullido. –Escribe tan bello, señora. Tan bello... –murmura Ana que confiesa haber leído por primera vez a Idea. –Alfonsina… eso a Dios no se le hace. –Suplica Carmen ante lo inexorable. Insisto: me comprenden las generales de la ley, pero en mi defensa acudo a Kant y sostengo que hay una belleza universal. Una belleza que resiste la rigurosa mirada geométrica y sus derivas desde que parece ser fruto de un máximo ingenio producto de un algo incausado. Una belleza que suele habitar en la música y la poesía. Una belleza que hasta puede ser sublime cuando la roza la muerte. Una belleza que hallé en “BÁJAME LA LÁMPARA Concierto de palabras” de Francisco Pesqueira.
Fernando Musante
Ficha técnico artística
Autor:
Francisco Pesqueira
Actúan: Lidia Catalano, Miriam Martino, Stella Matute
Guitarra y voz en vivo: Mirta Alvarez
Escenografía: Carlos Di Pasquo
Diseño de luces: Carlo Argento
Vestuario: Sandra Ligabue
Asistencia de dirección: Mabel Rosati
Producción ejecutiva: Andrea Widerker
Dirección y puesta en escena: Emiliano Samar
ESPACIO IFT
Boulogne Sur Mer 549 - Capital Federal
Teléfonos: 4962-9420 / 4961-9562
Entrada: $250,00 / Estudiantes, jubilados y grupos (10 o +): $125,00
Sábado - 19:00 hs
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Teatro IFT
lunes, 28 de agosto de 2017
Se estrena BÁJAME LA LÁMPARA - concierto de palabras- de Francisco Pesqueira
El sábado 9 de setiembre, a las 19 hs., se estrena “BÁJAME LA LÁMPARA (concierto de palabras)”, de Francisco Pesqueira. Con Lidia Catalano, Miriam Martino y Stella Matute. Voz y la guitarra en vivo de Mirta Alvarez. Dirección y puesta en escena de Emiliano Samar.
Lidia Catalano, Miriam Martino y Stella Matute, acompañadas por la guitarrista y compositora Mirta Alvarez, protagonizan este particular espectáculo que nos invita a un encuentro entre la nodriza de Alfonsina Storni, la empleada de Idea Vilariño y la asistente de Alejandra Pizarnik.
Escrito especialmente para estas actrices, el autor nos propone habitar un espacio donde conviven las mujeres que trabajaron con las poetas. Nodriza, empleada, asistente, mujeres al cuidado de mujeres. Ellas entrecruzan relatos, opiniones, miradas y a su vez traen al presente la vida de esas señoras para quienes trabajaban.
El amor, el hombre, la mujer, las tareas de cuidado, el hambre, la vida, los deseos, la muerte, son los temas que recorren las tres mujeres mientras diseñan en el espacio el concierto en el que la palabra es protagonista y el cuerpo ese instrumento sonoro y vital que traza, casi coreográficamente, un trayecto metafórico y a la vez sumamente presente. La propuesta nos pone frente a una onírica conversación que recorrerá distintos tópicos, donde la mirada de la mujer se despliega abiertamente dejando ver posicionamientos acerca del mundo que habitan. La conversación dará, a su vez, espacio para conocer palabras y sueños de las poetas a las que cuidaban, como también permitirá entrever momentos vitales de sus existencias.
El sueño/realidad se completa con la exquisita participación de la concertista Mirta Álvarez que acompaña el recorrido con música y canciones.
FICHA TÉCNICA:
Autor: Francisco Pesqueira
Carmen: Lidia Catalano
Ana: Miriam Martino
Livia: Stella Matute
Voz y guitarra: Mirta Alvarez
Escenografía: Carlos Di Pasquo
Vestuario: Sandra Ligabue
Diseño de luces: Carlo Argento
Asistente de escenografia: Analia Schiavino
Fotos: Fernando Musante
Diseño gráfico: smm/soluciones gráficas
Producción ejecutiva: Andrea Widerker
Asistencia de dirección: Mabel Rosati
Dirección y puesta en escena: Emiliano Samar
Funciones: Sábados 19hs
Espacio IFT – Boulogne Sur Mer 549– C.A.B.A. - Tel. 4962-9429/4961-9562
Valor de la entrada: $250 / $125 (estudiantes y jubilados)
Reservas y Contacto: Andrea Widerker - 15.6705.3981 - andruwiderker@yahoo.com.ar o por Alternativa Teatral
Facebook: @bajamelalampara
Lidia Catalano, Miriam Martino y Stella Matute, acompañadas por la guitarrista y compositora Mirta Alvarez, protagonizan este particular espectáculo que nos invita a un encuentro entre la nodriza de Alfonsina Storni, la empleada de Idea Vilariño y la asistente de Alejandra Pizarnik.
Escrito especialmente para estas actrices, el autor nos propone habitar un espacio donde conviven las mujeres que trabajaron con las poetas. Nodriza, empleada, asistente, mujeres al cuidado de mujeres. Ellas entrecruzan relatos, opiniones, miradas y a su vez traen al presente la vida de esas señoras para quienes trabajaban.
El amor, el hombre, la mujer, las tareas de cuidado, el hambre, la vida, los deseos, la muerte, son los temas que recorren las tres mujeres mientras diseñan en el espacio el concierto en el que la palabra es protagonista y el cuerpo ese instrumento sonoro y vital que traza, casi coreográficamente, un trayecto metafórico y a la vez sumamente presente. La propuesta nos pone frente a una onírica conversación que recorrerá distintos tópicos, donde la mirada de la mujer se despliega abiertamente dejando ver posicionamientos acerca del mundo que habitan. La conversación dará, a su vez, espacio para conocer palabras y sueños de las poetas a las que cuidaban, como también permitirá entrever momentos vitales de sus existencias.
El sueño/realidad se completa con la exquisita participación de la concertista Mirta Álvarez que acompaña el recorrido con música y canciones.
FICHA TÉCNICA:
Autor: Francisco Pesqueira
Carmen: Lidia Catalano
Ana: Miriam Martino
Livia: Stella Matute
Voz y guitarra: Mirta Alvarez
Escenografía: Carlos Di Pasquo
Vestuario: Sandra Ligabue
Diseño de luces: Carlo Argento
Asistente de escenografia: Analia Schiavino
Fotos: Fernando Musante
Diseño gráfico: smm/soluciones gráficas
Producción ejecutiva: Andrea Widerker
Asistencia de dirección: Mabel Rosati
Dirección y puesta en escena: Emiliano Samar
Funciones: Sábados 19hs
Espacio IFT – Boulogne Sur Mer 549– C.A.B.A. - Tel. 4962-9429/4961-9562
Valor de la entrada: $250 / $125 (estudiantes y jubilados)
Reservas y Contacto: Andrea Widerker - 15.6705.3981 - andruwiderker@yahoo.com.ar o por Alternativa Teatral
Facebook: @bajamelalampara
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Teatro IFT
viernes, 23 de junio de 2017
Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte
La vida no es la que uno vivió,
sino la que uno recuerda y
cómo la recuerda para contarla.
(Gabriel García Márquez)
“Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte” es un
espectáculo que nos propone hacernos preguntas sobre aquello que hemos vivido y
queremos "volver a pasar por el corazón".
Al entrar a la sala el espectador se encuentra con un
espacio absolutamente despojado. Sólo un gran ciclorama blanco enmarca lo que
un rato más tarde se poblará con el universo del pasado de los dos
protagonistas. Pero cada pasado es propio, aún para quienes hayan transcurrido
juntos gran parte de su historia pretérita.
¿Será el espacio de la memoria un espacio vacío a llenar con los recuerdos? Quién sabe...
Roberto Guzmán (Marcelo Bucossi), sociólogo, y Francisco Gipson (Roberto
Castro), contador, son dos amigos de la infancia y que varias décadas atrás
partieron juntos de su pueblo natal. Ahí vuelven, habiendo cumplido ya las seis
décadas de vida, con el objetivo de filmar un documental, ya del pueblo, ya de
sus recuerdos. Han invitado para que los acompañen en esa travesía a sus parejas, Stella (Mercedes Fraile),
antropóloga que es dueña de una librería, y Carmen (Gabriela Izcovich), de
quien no conocemos su profesión. Pero resulta que cuando llegan
al lugar se encuentran con nada. En el pueblo no queda nada. Nada. Como nada
hay en ese escenario, el de No Avestruz, salvo esos cuatro cuerpos con sus
historias, relatos y reflexiones.
“¿Cómo es posible que un lugar donde uno ha vivido, trabajado,
respirado gente, se transforme en este páramo?”, se pregunta uno de los amigos.
Lo que querían filmar para dar nitidez a los recuerdos ya no está. Entonces
están obligados a apelar a la memoria; la ausencia les exige ir aclarando esas
imágenes confusas en un devenir de rememorar infancia, escuela, bar, patios,
veredas, casas que ya no están. Pero están. La cámara podrá no captarlos pero
están. En ese deambular por la nada con la cámara en mano, los dos hombres
construyen ese pueblo que los vio nacer, crecer, competir por amores
adolescentes, inaugurar inescrutables secretos, e irse. Y en ese desencuentro
de espacios vacíos y construcciones va desarrollándose este particular y
potente espectáculo que, inevitablemente, nos enfrenta con nuestros propios
recuerdos y nuestras propias reflexiones sobre el paso del tiempo, ese
devorador implacable de vida.
Cronos, o Saturno –en la versión latina– devorará uno a uno
a sus hijos, con esa ferocidad que Goya plasmó en su magnífica obra obra. Dejar
algo para después de que Cronos nos incluya en su menú parece ser el destino de
los seres humanos. Roberto y Francisco han elegido hacer una película
documental sobre aquel lugar que los vio nacer, sin saber –siquiera– como se
usa una claqueta. Sus parejas, Stella y Carmen, que nada tienen que ver con ese
pasado, transitan su rol de meras acompañantes en ese espacio en el que no
hallarán un cuchillo para partir una torta de cumpleaños, en el que no habrá
quien los ayude a recargar la agotada batería de su automóvil, y en el que
deberán pernoctar al sereno; y allí contemplarán la vigencia del pensar de T.S.
Elliot. Vale decir: esta suerte de gerundio permanente que propone la vida que
bien podría contarse con una toma panorámica, en silencio, y de izquierda a
derecha, sobre un blanco infinito.
Para contar una historia como esta, sin conflicto entre los
personajes sino con un factor inasible como el transcurrir de la existencia, se
necesita de actores talentosos, sensibles y de gran oficio. Y eso son, sin
dudas, Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile y Gabriela Izcovich
quien además es la responsable de la dramaturgia y la dirección. Los cuatro son
todo lo que se necesita para crear ese pueblo fantasma e invitar a los
espectadores a recorrerlo con ellos. Los dos hombres lo ven por prepotencia de
historia, las dos mujeres lo niegan por quedarse afuera del recuerdo, pero los
cuatro lo construyen. Y el público transita con ellos esas calles, esa escuela,
ese bar, esa plaza, ese patio, esa casa que ya no son. Y desde allí cada uno
viaja a su propio universo de emociones y cavilaciones.
El ser y el tiempo, el ser y la nada, el pasado como un
presente continuo que determinará el futuro, el límite de lo que puede ser
compartido y los inevitables embustes que habitan nuestra memoria puestos en
escena en su conmovedora desnudez y con exquisito gusto.
No dejen de verlo. Los sábados a las 22.30 en NoAveztuz.
S.M. y F.M.
Ficha técnico artística:
Autora: Gabriela Izcovich
Actúan: Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile,
Gabriela Izcovich
Iluminación: Ricardo Sica
Música original: Lucas Fridman
Asistencia de dirección y Producción ejecutiva: Marco Riccobene
Dirección: Gabriela Izcovich
NOAVESTRUZ ESPACIO DE CULTURA
Humboldt 1857 - Teléfono: 4777-6956
Sábado - 22:30 hs
miércoles, 21 de junio de 2017
ROBESPIERRE, el político que decía lo que pensaba
¿Cuál es en vuestra opinión el motivo que atrae a las ejecuciones públicas?
¿La inhumanidad? Os equivocáis: el pueblo no es inhumano;
a ese desgraciado en torno a cuyo cadalso se agolpa, lo arrancaría
de las manos de la justicia si pudiera. Va a buscar a la plaza de Grève
una escena que pueda contar a su regreso al arrabal, ésa u otra,
le da igual mientras tenga un papel, junte a sus vecinos
y se haga escuchar de ellos. Dad en el bulevar una fiesta divertida
y veréis que la plaza de las ejecuciones está vacía. El pueblo está ávido
de espectáculos y acude a ellos porque se divierte cuando
los disfruta y se divierte también cuando los cuenta a su regreso.
Denis Diderot (1713 - 1784)
Maximiliano Robespierre, “El Incorruptible”, vivió tan sólo
treinta y seis años. Claro está que en la Francia de entonces, sobre todo para
quienes actuaban en política, la vida no parecía proponer mucho más tiempo para
disfrutarla. Valgan como ejemplo estas cortas existencias, Danton: treinta y
cinco años, Luis XVI: treinta y nueve, Sanint Just: veintisiete, María
Antonieta: treinta y ocho, Desmoulins: treinta y cuatro, su esposa Lucile
Duplessis: veinticuatro, Couthon: treinta y nueve, Madame Roland: treinta y
nueve y así podríamos seguir.
Miembros de la realeza, aristócratas, burgueses, campesinos,
ya varones, ya mujeres, eran llevados a la guillotina; tétrico símbolo de la
igualdad.
En la vieja Francia la pena de muerte por metal estaba
reservada para los nobles, el populacho era ejecutado mediante una tosca soga
de cáñamo. La Louison o Louisette, como la llamaba cariñosamente Marat, sirvió
para que rodaran casi mil doscientas cabezas en la Plaza de la Concordia
durante la revolución. Paradojalmente, Marat no murió en la guillotina, y hasta
gozó de cierta longevidad; fue apuñalado, por Charlotte Corday, a los cincuenta
años en la tina donde trataba de calmar los males que padecía en su piel.
Charlotte sí fue guillotinada, ella tenía veinticinco años.
Esta orgía de sangre tuvo en Maximiliano Robespierre a uno
de sus fundamentales protagonistas. Curiosamente este hombre que fue un niño
abandonado por su padre y huérfano de madre, era un tenaz opositor a la pena de
muerte en sus primeras incursiones en la política, y un férreo defensor de los
derechos de los desposeídos.
En 1757, un año de antes del nacimiento de Robespierre,
Robert François Damiens fue condenado por el intento de homicidio de Luis XV.
Por entonces, el regicidio se igualaba con el parricidio, y si bien el rey sólo
había recibido heridas leves, Damiens fue condenado a un suplicio espantoso. El
joven Robespierre estaba vivamente impresionado por ese relato y también por
las lecturas de Rousseau y Voltaire, pero ellos murieron en 1778. Vale decir
que no alcanzaron a ver la revolución. Tampoco vivía Diderot en 1789 y
Montesquieu había muerto aún antes.
Robespierre comprendió pronto que “hacer” la revolución no
era lo mismo que pensarla. Inglaterra era una permanente amenaza, la guerra con
Austria que proponían algunos era un camino al desastre, la monarquía
constitucional un sueño absurdo, y los usureros un verdadero cáncer para la
república. Los pobres podían traicionar por una hogaza más de pan, los
burgueses una vez sentados en los sitiales de poder podían caer en los mismos
vicios de los aristócratas. Los “moderados”
y los ateos no eran dignos de confianza. Los unos porque con su tolerancia cometerían,
necesariamente, traición a la patria, los otros porque al negar a un Ser
Supremo perderían el sentido mayúsculo de la virtud. Robespierre, el
incorruptible, entendió que “El terror, sin virtud, es desastroso. Pero la
virtud, sin terror, es impotente”. Como sugería Nicolás Maquiavelo más de dos
siglos antes, Maximiliano Robespierre se convence de que es mejor ser temido
que ser amado.
Atreverse con esta historia para producir un hecho teatral
es una tarea de alta complejidad. Decidirse hacerlo en un espectáculo
unipersonal parece aumentar las dificultades, y elegir a una mujer para
interpretar a Maximiliano Robespierre pone a tal empresa al borde de la calidad
de ciclópea. La cosa es que con su obra “Robespierre” la autora Mónica Ottino
abordó semejante desafío, y para lograr el muy buen resultado alcanzado contó
con la dirección de Alejandro Giles y el atinado aporte de la música original
de Damián Mahler; y un párrafo aparte merece la elección de la protagonista
Mónica Lleó. La actriz es dueña de una inusual expresividad, de un gran instrumento interpretativo, y transita con
solvencia los diferentes estados que propone el personaje. No elige la zona del
confort sino que arriesga en cada matiz de su interpretación y sale siempre
airosa. Produce en la platea momentos de intensa emoción como cuando entona La
Marsellesa, y elige una oximorónica construcción cuando representa, casi al
borde de la farsa, el trágico final con pistoletazo en la mandíbula y
descontrol de esfínteres, que acompañaron a Robespierre antes de enfrentarse
con la guillotina.
Lleó no necesita ni off ni proyecciones para apoyarse. Ella
sola puede, o podría en este caso, generar todo el universo para contar la
historia con la que se ha metido.
La puesta subraya que quizá Diderot haya fracasado en
aquella idea del acápite. Tal vez haya más seres humanos que los que él
imaginaba a quienes les complazca observar suplicios. Hoy las ejecuciones ya no
son públicas, pero se las puede apreciar por youtube y otros medios similares.
Esto incluye ahorcaduras, fusilamientos, lapidaciones, diferentes formas de
degüellos y decapitaciones. Y hay quienes se regodean con esas imágenes.
Pero, para los que aún preferimos otro tipo de espectáculos,
la sala de Andamio 90 ofrece, todos los viernes a 20:30, un espectáculo
altamente recomendable que cuenta con Mónica Lleó, una actriz excelente.
F.M. y S.M.
Ficha técnico artística:
Autora: Mónica Ottino
Actriz: Mónica Lleó
Vestuario, luces y arte: Alejandro Giles
Pelucas: Edith Rodriguez
Fotos: Santiago Botet
Música original: Damian Mahler
Asistencia de dirección: Micaela Orzabal
Dirección: Alejandro Giles
ANDAMIO ´90
Paraná 660 - Capital Federal - Reservas: 4373-5670
Entrada: $ 200,00 / $ 150,00 - Viernes - 20:30 hs.
martes, 6 de junio de 2017
"Simple" las canciones que negué amar
El primer disco “simple” que tuve en mi vida fue el de Joan
Manuel Serrat que contenía “Tu nombre me sabe a hierba” y “Poema de amor”. Yo
era una pre-púber y me asomaba a la adolescencia de la mano de mi hermana que
me llevaba 10 años. Amaba ese disco que ella me había traído de Buenos Aires en
una visita a mi San Rafael natal. Lo escuchaba incansablemente en un tocadiscos
azul que mis padres me habían regalado un poco antes junto a algunos discos de
música infantil (los muy desubicados). Escuchar a Serrat me hacía sentir grande,
y mi hermana me entendía y me ayudaba con eso. Pero debo reconocer que muy
íntimamente envidiaba algunos discos que tenían mis amigas. Una tenía uno de
Julio Iglesias… ¡puajjjj! decía yo haciéndome la agrandada mientras me derretía
de amor con esa voz melódica que confesaba haberse olvidado de vivir… Otra
amiga tenía uno de Rafaela Carrá. ¡Oh! Cien veces ¡puaj! para mí, que ya era
una psicobolche hecha y derecha, a la vez que lo único que quería era ser y
bailar como esa rubia. En dos o tres años, además de Serrat, yo ya escuchaba a
Carlos Puebla, León Gieco, Orlando Alarcón, entre otra mucha música progre a la
par de repudiar y envidiar la divertida y/o romántica música que escuchaban y con
la que se divertían, y mucho, mis amigos.
No reniego de mis gustos musicales. Pero hoy me atrevo a
confesar que cuando nadie en casa, sobre todo mi hermana, me escuchaba, yo me
deleitaba con canciones inconfesables. Y todas esas canciones tenían algún
recuerdo o alguna historia que las hacía aún más íntimas y disfrutables.
De estas cosas, justamente, habla “Simple,
las canciones que negué amar”, el espectáculo que Francisco Pesqueira ofrece los domingos a las 5 en punto de la
tarde (Lorquiano, al fin) en el Teatro
La Comedia. Y porque de eso habla no hay espectador ni espectadora que no
se sienta identificado/a con alguna de
las canciones y con alguna de las historias que allí se brindan.
Es muy posible que me tilden de subjetiva, y no me importa,
porque Francisco es debilidad afectiva de quien escribe estas líneas. Lo cierto
es que “Simple…” es un espectáculo imperdible que combina canciones de las
décadas ´60, ´70 y ´80, historias
entrañables y talento, mucho talento. La
dinámica del espectáculo es por demás original, a saber: hay setenta “simples”
y 70 historias. Los discos están en una batea y una vez que se bajó la luz de
sala y Andrea Widerker -lujo de
servidora de escena- dio la bienvenida y
rogó que se apaguen los celulares, siete espectadores elegirán las canciones
que el actor interpretará ese día a lo lago de la hora/veinte que dura la
función. Y una más, que saldrá de puro azar ya casi terminando la jornada. Esto
deriva en que cada domingo Pesqueira
ofrece una jornada verdaderamente única. Esto hace que su capacidad de entrega,
de adaptación y de versatilidad sean descomunales. Y cuando canta, CANTA. Con
esa voz espléndida y dotada que usa a su gusto y talento. Voz que también despliega,
y cómo, para interpretar a cada personaje de cada historia, que van desde una
niña de 4 años a un anciano de 90; desde un español amanerado a una maestra
autoritaria.
Setenta historias tiene estudiadas, cada una con una canción. Y
cada domingo se entrega por entero en ocho de ellas. Al azar. Sin red. Cuenta
para ello con un versátil diseñador de sonido y sonidista, Juan José Frias, que se adapta a semejante desafío y ¡no se
equivoca nunca! Un impecable entrenamiento coreográfico de Gustavo Bertuol; una delicada dirección de Emiliano Samar, y un equipo de incondicionales que lo secundan en
cada detalle. Pero el protagonista absoluto de todo este titánico proyecto es Pesqueira, quien además de contar,
actuar y cantar también eligió las setenta canciones y escribió el mismo número
de historias cada una con su criatura. Y todo lo hace con carisma, talento y gracia. El resultado no puede ser mejor.
Como dije antes, tengo debilidad amorosa por este hermano
que la vida me regaló. Pero bien sé que cada uno de los espectadores que lo
disfrutan los domingos salen de la sala amándolo.
No se lo pierdan. Difícilmente haya mejor programa para un domingo a las 5 en punto de la tarde.
Stella Matute
Ficha técnico
artística:
Autor e Intérprete: Francisco
Pesqueira
Diseño de luces: David
Seldes
Diseño De Sonido: Juan
José Frias
Entrenamiento Coreográfico: Gustavo Bertuol
Dirección musical: Claudio
Martini
Producción ejecutiva: Andrea
Widerker
Puesta en escena y dirección actoral: Emiliano Samar
Idea y dirección general: Francisco Pesqueira
TEATRO LA COMEDIA
Rodriguez Peña 1062 – Teléfono: 4815-5665
Domingos 17 hs.
lunes, 5 de junio de 2017
Experimento Camille Claudel: un grito desde el barro
¿Cuánto hace que la mujeres sufren engaños, maltratos, abusos de poder, violencia? No nos
hacemos esta pregunta en relación a que el 3 de junio hubo una
multitudinaria marcha en relación a la lucha contra la violencia de género sino
porque la noche anterior, el viernes 2, estuvimos en el Teatro La Revuelta
disfrutando del magnífico espectáculo “Experimento Camille Claudel, un grito
desde el barro”, una exquisita propuesta escrita por Rubén Pires, dirigida por
Darío Restuccio y protagonizada por Carla Pollacchi y Raúl Delgado.
Camille Claudel nació un 8 de diciembre, día de la
Inmaculada Concepción, en Fère-en-Tardenois Fère-en-Tardenois, un pueblecito
del norte de Francia. Corría el año 1864. Ella tenía tan solo seis años cuando
comenzó la guerra Franco-prusiana que terminó con el imperio de Napoleón III, y
poco más de diez años después de la derrota francesa, en 1871, cuando se mudó a París
junto con su madre y su hermana. Camille ya había dado muestras de un talento
singular para las artes plásticas, y corrían en París los dorados años de la
Belle Époque. Montparnasse, el mítico “quartier” que albergaba a los artistas
más exquisitos, fue el barrio elegido por la familia. De todas maneras, había
algunas pequeñas cosas para las que la liberalidad de entonces parecían no
tener importancia. Por ejemplo, la Escuela de Bellas Artes no aceptaba mujeres
entre sus alumnos. Por eso Camille, gracias a la influencia de su padre, fue
aceptada en la Académie Colarossi que por entonces contaba entre sus docentes al maestro escultor Alfred Boucher. Dos años después, en 1883, Boucher viajó a Italia
y recomendó a su brillante alumna para que fuera aceptada por el ilustre
Auguste Rodin, quien era -y sigue
siendo- considerado el padre de la escultura moderna.
Camille y Rodin se
conocieron ese mismo año y casi inmediatamente comenzaron un romance, devenido
del vínculo maestro-alumna, artista-modelo, que duró toda una década y marcó el
tiempo más prolífico y potente de la obra artística de ambos. Durante ese
período, Camille colaboró con el escultor en la realización de una de sus obras
más famosas –La puerta del infierno- marcando casi en forma premonitoria su
destino.
Eran tiempos en los que Nietzsche con su existencialismo
vital la emprendía a martillazos con la filosofía. Dios había muerto, todo era
posible y el cuerpo no era un mero envase del alma.
Camille pensó que ella también era parte de ese nuevo mundo,
pero la vida y –sobre todo– el hombre del que estaba enamorada decidieron no
participarla del convite. Si bien es cierto, como ya dijimos, que ella también
creció y se desarrolló artísticamente al lado del escultor -24 años mayor que
ella y ya consagrado cuando se conocieron- fue quien pagó con su salud
mental los vaivenes de un amor a
destiempo que incluyó abortos en medio de abandonos y reconciliaciones. Esta
mujer, cuyas obras se exhiben en los grandes museos del mundo, murió a los
setenta y nueve años, pero los últimos treinta años de esa larga vida los pasó
encerrada en un manicomio, donde murió, mientras él siguió con su exitosa vida
artística y amorosa.
Son más que evidentes las razones por las cuales narrar la
historia de Camille ha tentado a literatos, dramaturgos y cineastas. Y también
lo son las dificultades que ofrece enfrentar semejante desafío. Rubén Pires
decidió emprender esta tarea, y el resultado no puede haber sido mejor. El
autor bucea los recovecos de esa pasión desgarradora que vivieron la excelsa
artista y el reconocido escultor poniendo en la protagonista el mayor peso del
relato. El texto es de una potencia sobrecogedora.
Mezcla de poesía escénica y vía crucis carnal que parece
escrito sobre y para la actriz Carla Pollacchi. Su interpretación es
descomunal. Parece haber abordado el personaje con la misma pasión con la que
modela la arcilla en escena, con el mismo buen gusto con el que encara las
posturas de las obras más famosas que Camille ayudó a crear. El paso de la
cautivante belleza de aquella joven potente y apasionada de diecinueve años a
la patética imagen de la sufriente mujer internada en un loquero es atravesado
por la actriz de manera impecable.
En el rol de Rodin, se entrega por entero Raúl Delgado quien
también tiene la responsabilidad de interpretar a Paul Claudel, hermano de la
artista, y al psiquiatra encargado de contenerla en el hospicio en el que
morirá internada. Delgado aborda los tres personajes construyendo la
verosimilitud de cada uno con recursos genuinos interpretándolos con solvencia,
talento y gran sensibilidad. Sin dudas
el partenaire exacto para una actriz de la dimensión de Pollacchi.
La puesta subraya la excelencia poética del texto de Pires
con una subyugante economía de recursos. Proyecciones constantes de las más
célebres obras de Camille y Rodin y la sugerencia permanente a través de los
movimientos de la inmanencia de arte escultórico en la vida de Camille dan
marco a las magníficas interpretaciones de Carla Polacchi y Raúl Delgado.
El espectáculo se gestó por dentro del Proyecto de
Graduación del joven Dario Restuccio, para la carrera de Licenciatura en
Dirección Escénica, del Departamento de Artes Dramáticas de la UNA. Sin dudas
nace un gran director, quien con dedicación de orfebre nos entrega una joya
teatral que combina imágenes, barro, luces y sombras sobre cuerpos que de tan
vivos y tan presentes sumergen al espectador en la realidad paralela que
construyen tanto la locura de Camille -desde su necesidad de ser libre en un
siglo en el que eso era impensable para una mujer- como la voracidad de una
sociedad patriarcal representada por Rodin.
Sin más: no se la pierdan. De veras, nos lo van a agradecer.
F.M. y S.M.
Autor: Ruben Pires
Actúan: Carla Pollacchi y Raúl Delgado
Asistencia de dirección: Manon Demy
Dirección: Darío Restuccio
TEATRO LA REVUELTA
Boedo 1014 - Teléfono: 2076-2964
Viernes de junio 22.15 hs.
Etiquetas:
August Rodin,
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Experimento Camille Claudel,
La Revuelta,
Raúl Delgado,
Ruben Pires,
Teatro La Revuelta
viernes, 2 de junio de 2017
Mario Cárdenas ha vuelto
En PISTA URBANA, ese hermoso bar–teatro de San Telmo, se
puede vivir la incomparable experiencia de disfrutar y/o volver a disfrutar de
la voz y del talento del mítico cantor de tangos Mario Cárdenas. El intérprete
-que después de su brillante paso por el programa “Nuevos Valores” cosechando éxitos en los shows del carnaval del ’74, y batiendo records
de venta en toda América latina con su primer long–play, “Tangos a la
bartola"-, hoy está de nuevo en la Patria, después de 20 años de silencio, engalanando ese escenario de santelmitiano.
Los años vividos en
su exilio europeo, sin dudas, lo han enriquecido artísticamente. Es un momento
delicioso cuando narra sus encuentros con el escritor Julio Cortázar.
En esta presentación, Cárdenas pasa de aquel tango que hizo de él un
ídolo de la década del ’70 (“Te aconsejo que me olvides”, Maffia y Curi, 1926)
a conmovedoras composiciones nuevas y propias. Si bien el paso del tiempo puede
haber dejado alguna huella en su físico, no parece haber hecho mella en su voz
ni en su interpretación. Y menos aún en su veta creativa. Es un momento de alto
contenido emotivo el recuerdo de su hermosa maestra de primaria que la marcó la
vida para siempre.
A propósito de “Te aconsejo que me olvides”, tuvimos la
amarga sorpresa de enterarnos que aquella letra de Jorge Curi parece haber
prefigurado un tremendo desengaño amoroso que sufrió Mario Cárdenas con su
amada Mabelita. Tal vez, ese profundo dolor haya hecho aún más conmovedora su
excelente versión.
Afortunadamente para quienes esta opinión escriben, la noche que presenciamos su show, Cárdenas
encontró un Doble A que alguien había dejado en su camarín. Por gentileza de la
empresa de sala, el artista pudo usarlo para sorpresa y delicia nuestra, y de
otros y otras amantes del tango.
Arolas, Plaza y Piazzolla se hicieron presentes en los dedos
de Cárdenas y en los del maestro Víctor Simón, el excelente pianista que lo
acompaña.
No faltan las profundas y agudas reflexiones que el
intérprete tiene sobre tangueros, milongas y milongueros.
Para nosotros la noche de ese miércoles en Pista Urbana no
pudo haber terminado de mejor manera, porque al salir nos encontramos con ese
excelente actor, dramaturgo, músico,
(bandoneonista y cantor) que es Luis Longhi. Vale decir: mejor
imposible.
F.M. y S.M.
Ficha técnico
artística:
Autor: Luis Longhi
Intérprete: Mario Cárdenas
Arreglos y dirección musical: Victor Simón
Dirección general: Luis Longhi
PISTA URBANA
Chacabuco 874 - Teléfono: 4361 3015
Miércoles - 21:00 hs
lunes, 22 de mayo de 2017
“La discreta enamorada”: un encuentro con todo el oro de aquel siglo.
“La discreta
enamorada” es una rara joya en medio de la prosaica Buenos Aires de 2017.
Es una reivindicación de las cosas despreciadas por ese utilitarismo
contemporáneo del que algunos se ufanan.
Lope, “el Fénix de
los ingenios”, se atrevió a debatir con Aristóteles a casi veinte siglos de la muerte del filósofo. Para
ello escribió una pieza mayúscula de tono ensayístico, en la que defendió a la
comedia ante los severos claustros académicos que la despreciaban por vulgar. A
ese ensayo, en el que poética y retórica retozaron a su antojo, la tituló: “Arte nuevo de hacer comedias en este
tiempo” (1609).
Con minuciosa observación, en “La discreta enamorada”, presentada tres años antes de su “Arte
nuevo…”, Lope hurga en la psicología femenina. Belisa (tal vez haya que recordar
que ese nombre es anagrama de Isabel, el nombre de su esposa muerta en el parto
de su segunda hija) necesita compañía para su soledad, y está convencida que el
capitán Bernardo va a proponerle matrimonio. Fenisa –hija de Belisa– queda
prendada de la apostura de un joven llamado Lucindo. Pero la cosa se complicará
porque Lucindo es hijo del capitán Bernardo quien, para desazón de Belisa,
elige a la doncella Fenisa para pedir en matrimonio.
Pero aún hay más, Lucindo se bebe los vientos por la
cortesana Gerarda, quien lo rechaza coqueteando con un atolondrado Doristeo; un
mozalbete bien intencionado pero algo anticuado aun para los albores del Siglo
XVII. Claro que la virginal Fenisa no cederá tan fácil al acuerdo que el
capitán Bernardo ha celebrado con su madre, si bien a regañadientes de ésta. Y
se las arreglará para reemplazar a Gerarda en el corazón, y otras partes, de
Lucindo.
La sensual Gerarda al sentirse desplazada empleará todas sus
armas para reconquistar la atracción que Lucindo sentía por ella, y –como
detalle imprescindible para este género teatral– aparecerá Hernando, el criado
de Lucindo, para colaborar en el desenlace. Hernando no dudará en travestirse
para servir a su señor, y en aparecer luego como el portador de la verdad.
La comedia de enredo o de equívoco, eso que la commedia
dell’arte nominará: l’imbroglio -arte en el que se lucirá Goldoni así como en
Francia lo hará Molière-, encuentra en Lope a quien le sumó su genialidad para
poner de relieve la hipocresía de su época, con una perfección matemática que
obliga a quien se atreve a encarar la puesta de cualquiera de sus obras a
mantener esa curiosa alquimia que une poética con ingeniería.
En este caso el orfebre que se atrevió a tamaña empresa y
alcanzó su objetivo con creces se llama Santiago
Doria. La economía de recursos con la que Doria ha puesto esta versión de
“La discreta enamorada” se agradece desde el principio al final. Sólo dos
bancos -devenidos en utilería, balcones o
los pasillos de El Prado- servirán de única escenografía. Son exactos los
aportes musicales de Gaby Godman, y se
destaca el buen gusto del vestuario de Susana
Zilberwarg y el delicado detalle de su dramatúrgica elección de los
colores, suavemente apoyados por la atinada iluminación de Leandra Rodríguez.
Finalmente, hay que resaltar un acierto más en el trabajo de
Doria y es la elección del elenco. Sería
injusto destacar una labor por encima de las demás. Irene Almus (Belisa), Ana Yovino (Fenisa), Mónica D’Agostino (Gerarda), Mariano Mazzei (Lucindo), Pablo Di Felice (Hernando), Francisco
Pesqueira (Doristeo) y Gabriel Virtuoso (capitán Bernardo) se lucen con genuinos
recursos en cada una de sus creaciones.
La poética de Lope en las voces de estos intérpretes es una
caricia para los oídos, sus actuaciones hacen honor a la maravilla de ese
texto; y –en verdad– creemos que este aporte a la cartelera porteña es un oasis
donde citarse con la belleza.
F.M. y S.M.
Ficha técnico
artística:
Autor: Lope De Vega
Actúan: Irene Almus,
Monica D´Agostino, Pablo Di Felice, Mariano Mazzei, Francisco Pesqueira,
Gabriel Virtuoso, Ana Yovino
Vestuario: Susana
Zilbervarg
Iluminación: Leandra
Rodríguez
Música original: Gaby
Goldman
Producción ejecutiva: Rosalía
Celentano
Asistencia de dirección: Gastón Ares, Jazmin Rios
Dirección: Santiago
Doria
CENTRO CULTURAL DE LA
COOPERACIÓN
Corrientes 1543 – C.A.B.A.
Teléfono: 5077-8000
Viernes y Sábado - 20:00 hs - Entrada: $ 250,00 / $ 220,00
Corrientes 1543 – C.A.B.A.
Teléfono: 5077-8000
Viernes y Sábado - 20:00 hs - Entrada: $ 250,00 / $ 220,00
viernes, 19 de mayo de 2017
GANGSTER, o ¿cuántos son los secretos familiares?
¿Cuántos secretos hay en una familia? ¿Cuántos de esos
secretos son sostenidos por mujeres que miran para otro lado cuando de saber la
verdad sobre los amores esenciales se trata la cosa? La mafia del cine y la
televisión está llena de mujeres que no se enteran que son esposas y/o hijas de
mafiosos o asesinos. Desde “El Padrino” a “Breaking Bad”, pasando por “The
Fall” o “A good marriage” (una mala adeptación, por cierto de “Todo oscuro, sin
estrellas” de Stephen King).
Gangster, la intensa y divertida comedia de Daniel
Dalmaroni, se mete con ese tema. La obra comienza cuando una esposa se entera,
después de 20 años de casada, que su marido no es un oficinista común sino un
mafioso que mata gente para defender los intereses de su jefe. Eso sí: sin
violencia. Que todo siempre parezca un accidente. La mujer no puede creer lo
que oye. Pero no se va, no huye, ni se
le pasa por la cabeza denunciar a su marido. Entonces uno se pregunta: ¿No
puede creer lo que oye? ¿Cuánto de la realidad de su marido ha ido ocultando a
lo largo del tiempo en preguntas no hechas?, también podría preguntarse el
espectador que va convirtiéndose en testigo cómplice con el correr del
espectáculo. Porque las mentiras, ocultamientos y develaciones no terminan
allí. Allí, justamente, comienzan. Y esa esposa abnegada e ignorante de lo que
pasaba a su alrededor va descubriendo muchos más secretos familiares como quien
quita capas a una cebolla. Pero no llora. Más bien decide hacerse cargo. ¡Y
cómo!
En una especie de Breaking Bad ligero y teatral, con esta
obra Dalmaroni navega cómodo en las honduras de la mentira, la violencia y el
poder, para poder nadar también en las cristalinas aguas del humor. Su
dramaturgia es impecable. “Redondita”, como suele decirse en la jerga teatral.
No debería sorprendernos ya que su producción es bien fructífera y todos los
espectáculos de su autoría reciben desde hace tiempo buenas críticas y grandes
reconocimientos.
La dirección de Sebastián Bauzá es acertada en una sala
trifrontal que ofrece dificultades varias a la hora de tomar decisiones de
puesta. La escenografía y el vestuario recrean los años 60 y aportan mucho a la
distención imprescindible para poder “soportar” lo sórdido del tema. También se
agradece mucho el sonido de esa época en ritmo de “la nueva ola italiana”: Rita
Pavone y Doménico Modugno.
Los cuatro protagonistas salen más que airosos de un trabajo
bien difícil que es el de mantener la doble moral de ser “una buena persona” y
un mafioso. Esa dualidad es alcanzada hasta en lo idiomático, cosa que además
de divertir enaltece a los intérpretes.
No se la pierdan. Se van a reír mucho. Y, si son
responsables, se van a quedar pensando.
S.M y F.M.
Ficha técnico artística:
Autoría: Daniel Dalmaroni
Actúan: Mariano Bicain, Agustín
Frágola, Leonardo Prestia, Karina Roldán
Vestuario: Cecilia Carini
Diseño de escenografía: Marcelo
Salvioli
Asistencia de dirección: Antonia
Ruggeri
Prensa: Tehagolaprensa
Producción ejecutiva: Ernesto Warnes
Dirección: Sebastián Bauzá
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943
Reservas: 4326-3606
Entrada: $ 200,00 / $ 170,00 - Sábado - 22:00 hs - Hasta el 24/06/2017
Av Roque Sáenz Peña 943
Reservas: 4326-3606
Entrada: $ 200,00 / $ 170,00 - Sábado - 22:00 hs - Hasta el 24/06/2017
miércoles, 26 de abril de 2017
Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte
Obra ganadora de la 6 ° Edición del Premio ARTEI
a la Producción del Teatro Independiente
Estreno y función de
prensa
Sábado 3 de Junio a las 22.30
Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte
Dramaturgia y dirección:
Gabriela Izcovich
Con: Marcelo Bucossi,
Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich
Teatro: NoAvestruz - Humboldt 1857.
Palermo.
Funciones: sábados a las 22.30 hs.
Entrada: $200 (estudiantes y jubilados
$150)
Un espectáculo intimista
que hace una reflexión profunda acerca de los recuerdos. ¿Lo que queda en mi
memoria ha sido realmente así? ¿Lo que en su momento fue doloroso, puede
rememorarse con una sonrisa? Cómo construyo el presente en función del pasado.
Dos amigos deciden ir a
filmar un documental a su pueblo de infancia. Al llegar se encuentran con que
del pueblo ya no queda nada.
Ficha técnica completa:
Con:
Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich
Dramaturgia
y dirección: Gabriela Izcovich
Luces:
Ricardo Sica
Música
original: Lucas Fridman
Asistencia
de dirección y producción ejecutiva: Marco Riccobene
Prensa:
TEHAGOLAPRENSA
Duración:
60 minutos
La obra
plantea también una reflexión acerca del vínculo. Sobre la dificultad de
compartir la vida con alguien que ya tiene mucho pasado. “El disco rígido ya no
tiene más espacio”, dice uno de los personajes. Estos pensamientos son los que
comparten los personajes dentro de un clima íntimo y a lo largo de toda la obra.
Francisco
y Roberto son dos amigos que rondando los sesenta años, deciden ir a filmar un
documental a su pueblo de infancia. Sus esposas los acompañan. Al llegar se
encuentran con que del pueblo ya no queda nada. No iban desde hacía cuarenta y
tres años y ahora se encuentran con que el pueblo está vacío, no hay gente, los
árboles están secos. Sólo ellos cuatro con la cámara de filmación. A partir de
ahí, sobre el espacio vacío Francisco y Roberto
evocan situaciones del pasado.
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