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martes, 23 de julio de 2019

"CUARTELES DE INVIERNO", un desafío muy bien logrado


Dos hombres. Un boxeador venido a menos y un cantante de tangos otrora prestigioso. Una estación de trenes de un pueblo perdido que festejará su aniversario en tiempos de horror, uniformes y botas. Allí se conocen esos dos solitarios que se miden desde sus diferentes perspectivas. Pronto irán descubriendo cosas en común: la dignidad, por ejemplo. Ambos se sienten por fuera de la política pero eso no les evitará enredarse en problemas con los autoritarios poderosos del lugar. Muy pronto se verán envueltos en un mundo brutalmente despótico y opresor. Justamente eso es lo que los unirá en una amistad sin tregua donde la lealtad superará toda diferencia.

“Cuarteles de invierno” es una de las novelas más emblemáticas del admirado escritor Osvaldo Soriano. Escrita y publicada en los tiempos oscuros de la dictadura militar argentina, pronto se convirtió en una burbuja de oxígeno para quienes nos sentíamos ahogados por la falta de aire de esos días. Ni bien se restauró la Democracia en el país, Lautaro Murúa llevó una versión al cine que también se convirtió muy pronto en un éxito.

Con todo ese buen peso sobre los hombros, el autor y director Daniel Moreno decidió llevar adelante una versión teatral de la legendaria novela. Y sale más que bien parado de tamaño desafío, poniendo en escena un espectáculo sólido en actuaciones, bello en imagen y sintético en relato. Con gran economía de recursos y sosteniéndose en el trabajo, los cuerpos y el talento de sus actores, el espectáculo entretiene, angustia y divierte.

Norberto Gonzalo, Luis Manchini, Jorge Noya, Daniel Toppino y Néstor Villa se mueven cómodos en sus roles, doblan personajes, asfixian y dan respiro, logrando recrear el clima de ese pueblo atravesado por el depotismo y la tiranía. El miedo, la lealtad, la solidaridad, el horror y la venganza son algunos de los temas con los que este espectáculo se mete, haciendo honor al gran texto del querido Gordo Soriano.

La cita es: DOMINGOS 18.15 en NoAveztruz, Humboldt 1857 (hasta el 25 de agosto). 
No se lo pierdan.
Stella Matute

miércoles, 26 de abril de 2017

Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

Obra ganadora de la 6 ° Edición del Premio ARTEI 
a la Producción del Teatro Independiente

Estreno y función de prensa
Sábado  3 de Junio a las 22.30



Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

Dramaturgia y dirección: Gabriela Izcovich
Con: Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich

Teatro: NoAvestruz - Humboldt 1857. Palermo.
Funciones: sábados a las 22.30 hs.
Entrada: $200 (estudiantes y jubilados $150)
Informes: 4777-6956 ó por mail a reservas@noavestruz.com.ar

Un espectáculo intimista que hace una reflexión profunda acerca de los recuerdos. ¿Lo que queda en mi memoria ha sido realmente así? ¿Lo que en su momento fue doloroso, puede rememorarse con una sonrisa? Cómo construyo el presente en función del pasado.
Dos amigos deciden ir a filmar un documental a su pueblo de infancia. Al llegar se encuentran con que del pueblo ya no queda nada.

Ficha técnica completa:

Con: Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich
Dramaturgia y dirección: Gabriela Izcovich
Luces: Ricardo Sica
Música original: Lucas Fridman
Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Marco Riccobene
Prensa: TEHAGOLAPRENSA
Duración: 60 minutos

La obra plantea también una reflexión acerca del vínculo. Sobre la dificultad de compartir la vida con alguien que ya tiene mucho pasado. “El disco rígido ya no tiene más espacio”, dice uno de los personajes. Estos pensamientos son los que comparten los personajes dentro de un clima íntimo y a lo largo de toda la obra.

Francisco y Roberto son dos amigos que rondando los sesenta años, deciden ir a filmar un documental a su pueblo de infancia. Sus esposas los acompañan. Al llegar se encuentran con que del pueblo ya no queda nada. No iban desde hacía cuarenta y tres años y ahora se encuentran con que el pueblo está vacío, no hay gente, los árboles están secos. Sólo ellos cuatro con la cámara de filmación. A partir de ahí, sobre el espacio vacío Francisco y Roberto  evocan situaciones del pasado.