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miércoles, 23 de mayo de 2018
FERNANDO MUSANTE presenta su primera novela en Argentores
Fernando Musante, cineasta, publicista, director, escritor y socio de Argentores, presenta su primera novela “Breve manual de instrucciones para asaltar un banco”, editada por Grupo Editorial Sur, en el Auditorio de la mencionada Entidad.
Dice el editor: “¿Asaltar un banco y cambiar de vida para siempre? Esta sorprendente novela de Fernando Musante tiene la fórmula mágica. No se necesitan muchas cosas: un hombre descubriendo que no será feliz jamás, una mujer asesinada con sus propias medias de nylon, un detective venido a menos, cartas arrojadas a un mar de tangos y persecuciones, una travesía sólo comparable con la del Adán Buenosayres de Marechal, maldiciones, pecados, misterios y tragedias. Con eso alcanza en una ciudad en la que, a toda hora y en cualquier lugar, todo el mundo parece estar planeando asaltar un banco. Prosa exquisita, incomparable sentido del humor y del amor, profundidad filosófica para una atrapante trama barrial. En este "Breve manual de instrucciones para asaltar un banco", fuera de tiempo, de las corrientes posmodernas, de las relaciones que se deshacen a través de las redes sociales y se derriten en una pantalla, Musante muestra esa vieja forma de amar, ese viejo asalto.
Un asalto para cambiar de vida, para siempre.”
La presentación tendrá lugar en el auditorio Gregorio de Laferrère de Argentores, el viernes 1º de junio a las 19. Participarán de la misma el cantante Jorge Bloise, la escritora Virginia Janza, el bandoneonista Nicolás Maceratesi, el locutor y periodista Ricardo Martinez Puente, el escritor Daniel Sorin y la violinista Mayumi Urgino.
Por cuestiones de espacio se ruega confirmar la presencia a tenertealtanto@gmail.com
Luego de la presentación se ofrecerá un vino de honor.
Fernando Musante (Buenos Aires, La Paternal, Argentina, 1947) es actor, dramaturgo, guionista y director de cine. Autor de las obras de teatro “Si yo fuera Buffalo Bill” (1982), “El gran yeite” (2009), autor de las letras originales del musical “Homero, el color de la sudestada” (2016, trabajo por el que fue distinguido con el premio ARGENTORES en 2017 por sus canciones compuestas junto a José Luis Castiñeira de Dios), “Lotte, una singspiel al gouache” (sin estrenar) y “Gertrudis” (de próximo estreno). Director y coguionista de “Maten a Perón”, película estrenada en 2005 por la que recibió el Premio Oesterheld. Productor y realizador en video de: “La pasión de Don Juan”, “El señor Galíndez”, “Criminal”, “Cyrano”, “Los mosqueteros del rey” y “Salsa criolla”.
“Breve manual de instrucciones para asaltar un banco” es su primera novela.
miércoles, 16 de mayo de 2018
CORAZÓN DE TITANIO, de Miguel Angel Diani
“De todo laberinto se sale por arriba” dijo Leopoldo Marechal. La frase de Don Leopoldo ancla en el mito de Dédalo, el arquitecto que creo el laberinto de Creta para encerrar al Minotauro. Allí debía quedar para siembre ese monstruo –mitad hombre, mitad toro– llamado Asterión, que había nacido por causa de la irritación de Ariadna.
Claro que el rey Minos, para que nadie conociera el camino de salida, encerró también allí a Dédalo y a su único hijo: Ícaro. El mito, como tantos otros, llega hasta nuestros días de distintas maneras. La psicología, las artes y hasta la filosofía han hecho lo suyo para desentrañar las alegorías que contienen cada una de estas narraciones. El teatro, por ejemplo, los ha tomado desde su nacimiento dando obras mayúsculas sobre todo en el campo de la tragedia. Y esto ha ocurrido desde los antiguos griegos hasta renacentistas y modernos y en “Corazón de titanio” Miguel Ángel Diani muestra que navega en esas aguas con singular pericia.
En “Corazón de Titanio” hay un héroe homérico digno ser parangonado con Aquiles, Ajax o Héctor que ha sido el faro que iluminaba a su hijo en la niñez, pero no lo vemos porque ha muerto tiempo antes. Eu hijo guarda el recuerdo de su sonrisa como el único tesoro de su pasado. Tal vez la única posibilidad de reunirse con algo que evoque aquellos días de felicidad esté oculto en una suerte de “caja china” que guarda su madre. Vale decir que “Corazón de titanio”, como toda tragedia que se precie de tal, está atrapada en el laberinto de lo pretérito. Aquella imagen paterna del semidios que atesoraba una fuerza hercúlea entre sus maxilares fue abatida por la piorrea.
Locura, padre muerto y una madre que ha escondido durante años pecados entre los que habitan la infidelidad, el abandono y algún que otro homicidio también pueden recordarnos a algún otro personaje trágico un poco más cercano a nuestros tiempos y que hablaba inglés, no griego.
La cosa es que en “Corazón de titanio”, una madre y un hijo deambulan por ese laberinto de horrores en el que el humor y el desparpajo del dramaturgo los desnuda con sólida estructura narrativa y pluma impiadosa. Claro está que el excelente resultado obtenido también se asienta en otras patas, a saber: las magníficas interpretaciones de Julia Azar y Grabiel Nicola; la impecable mirada y dirección de Alejandra Galdame y las exactas decisiones a la hora de vestir a los personajes y diseñar el espacio escenográfico que ha estado bajo la responsabilidad de: Escenografía asociada; Eugenio Zanetti, Iván Salvioli y Cecilia Carini.
Nuestra opinión: Excelente.
FERNANDO MUSANTE
Ficha técnico artística:
Autor: Miguel Angel Diani
Actúan: Julia Azar, Gabriel Nicola
Diseño de vestuario y escenografía: "Escenografía asociada" Eugenio Zanetti, Iván Salvioli y Cecilia Carini.
Diseño de luces: Mariano Bruno
Video: Plano Tres Toma Uno, Lacio Splendiani
Música original: Luis Sticco
Fotografía: Plano Tres Toma Uno, Lacio Splendiani
Diseño gráfico: Alejandra de Dios
Asistente de sonido: Marina Fredes
Asistencia de dirección: Adrean Tirinato
Prensa: Alfredo Monserrat
Producción: Hnos. Warnes
Dirección general: Alejandra Galdame
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943, C.A.B.A.
Teléfono: 4326-3606
Domingo - 20:00 hs. (PUNTUAL)
lunes, 5 de septiembre de 2016
"Homero. El color de la sudestada". Un Manzi diferente.
Homero se sube a un tren y sabe que tal vez sea su último
viaje. O tal vez no. Depende de si está dispuesto a dejar de beberse unos
tragos, salir de noche, jugar al póker, ir al comité a discutir de política, tanguear
hasta que salga el sol. En fin, depende de si está dispuesto a dejar de ser
quién es.
“¡¿Cómo me voy a morir justo ahora que tengo todo por
hacer?!”, se pregunta iniciando ese viaje que lo llevará, y nos llevará con él,
a una evocación con mucho de política, con mucho de amores, con mucho de magia,
con mucho de poesía. Como fue su vida.
En este viaje, si lo sabemos, podemos recordar; y si no lo
sabemos, podemos enterarnos de que Homero Manzi además de un letrista de tangos sin
igual, de un poeta mayúsculo y de un enamoradizo empedernido que podía apostar en
una mesa de póker a todo o nada para ganarse a una morocha, fue un hombre
comprometido en extremo con la vida política de su país. Un militante radical
que a pesar de haber sido expulsado de su partido nunca dejó de serlo, aunque
simpatizó con el primer gobierno peronista. El espectáculo tiene su momento cúlmine
cuando evoca aquel 17 de octubre en el que “el color de la sudestada” tiñó las
calles de Buenos Aires y repartió colores al resto del país.
Se sorprenderá el espectador que vaya a escucharse unos
tanguitos de Manzi. Si bien suenan en escena algunos fragmentos de sus composiciones
más famosas, la impronta musical está en manos de José Luis Castiñeira de Dios,
quien, además de ser el director musical, le ha puesto música a letras
originales escritas por Fernando Musante. Sí, alguien se atrevió a escribirle
tangos y poesías a Manzi. Y lo bien que lo ha hecho.
El “Chino” Laborde, ese cantorazo que ya nos tiene
acostumbrados a deleitarnos con sus estupendas interpretaciones tangueras, es
el responsable de calzarse la piel del poeta radical y se manda un debut
teatral de antología. Homero está allí, un poco más alto, pero en su exacta
dimensión. Lo acompaña una Roxana Fontán que va de la adolescente Juana a la
sensual Malena a la sufrida Casiana con una ductilidad sorprendente; y la magia
extrema llega de su mano cuando canta “a cappella” una versión de Malena. Los
acompaña el cantor Claudio Garcés como servidor de escena deleitando siempre
con su voz y su afinación.
La escenografía virtual se ha construido a partir de
pinturas originales del artista plástico Horacio Cacciabue y le aporta al
espectáculo una cuota de vuelo extra, por si hiciera falta. Exquisito trabajo
en conjunto con Fernando Silva quien transformó esas pinturas en animaciones.
Precisa dirección de Leonardo Nápoli para su propio texto,
que recorre sin respiro la vida de un poeta comprometido con su tiempo, sus
sentimientos y su Nación.
Manzi vuelve a interpelarnos preguntándose y preguntándonos
qué es lo nacional y qué lo que no nos pertenece y adoptamos como propio. En
definitiva se pregunta y nos pregunta qué es ser argentino.
Homero se sube a un tren y nos lleva con él. Homero se sube
a un tren y vuelve a crear misterio. Ese “misterio de adiós que siembra el tren”.
S.M.
Homero. El color de la sudestada.
De Leonardo Nápoli, José Luis Castiñeira de Dios y Fernando Musante
De Leonardo Nápoli, José Luis Castiñeira de Dios y Fernando Musante
Teatro - El Musical del Tango
Ficha técnica:
Homero: Walter
“Chino” Laborde
Juana / Malena / Casiana: Roxana Fontan
Actor / Cantor / Servidor de escena: Claudio
Garcés
Dramaturgia: Leonardo
Nápoli
Letras y poemas: Fernando Musante
Música original y dirección musical: José
Luis Castiñeira de Dios
Coreografía: Mecha Fernandez
Arte de escena: Horacio Cacciabue
Diseño multimedia: Fernando Silva
Diseño de luces: Roberto Traferri
Dirección general: Leonardo Nápoli
Diseño de luces: Roberto Traferri
Dirección general: Leonardo Nápoli
Caras y Caretas 2037
Sarmiento 2037 – CABA
Domingos de setiembre y octubre
20 hs.
Etiquetas:
Chino Laborde,
Claudio Garcés,
Fernando Musante,
Homero Manzi,
José Luis Castiñeira de Dios,
Leonardo Nápoli,
Roxana Fontán,
Tenerte al Tanto
"LA TEMPESTAD": una cita con el buen teatro
![]() |
| Foto: Gabriel Oscar Perez |
“Estamos
tejidos con idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un
sueño.” Así dice Próspero, el duque de Milano que, despojado de su legítimo
sitial, se ha recluido en una isla desierta acompañado por su hija, Miranda.
En una cueva donde atraviesa el tiempo de su exilio,Próspero estudia y
estudia también aquello ajeno a la percepción de los sentidos. No niega la
magia, por el contrario la pone al servicio del bien. Claro está que
Shakespeare ha escrito esta comedia en pleno período jacobino. Muerta Isabel I,
y ya en sus últimos años, Shakespeare parece dedicar su pluma al tremendo
cambio que han significado los acontecimientos del Siglo XVI a estos albores
del XVII. La Tierra es una esfera, y ya no está en el centro del universo.
Próspero tiene a su servicio un ángel, Ariel, que representa el arte y la
belleza. Es hora de dominar a las pasiones terrenas para mirar hacia las
alturas. Hay que dejar atrás las antiguas certezas. La Tierra no sólo es
redonda ni está quieta, es más grande y se mueve. La historia de Inglaterra
supera cualquier producto ficcional. Jacobo, que asume el trono a la muerte de
Isabel, es hijo de María Estuardo la reina católica a la que Isabel mandó a
decapitar. Jacobo es protestante, así fue criado, y persigue brujas y brujos,
su modernismo repudia a los bárbaros de las otras tierras; y son épocas de
seguir guerreando con España por las posesiones de ese nuevo mundo.
Hasta aquí ciertas disquisiciones (o divagues) históricos o filosóficos, que se suman a las innúmeras
interpretaciones que, como Hamlet,
ha generado La Tempestad. Tal vez,
la obra del Bardo de Avon en la que más se advierte ese pensamiento propio del
medioevo tardío (o el Renacimiento) que dio en llamar: “miscelánea”. Pero lo
que se ve en el escenario de Andamio 90
también es otra cosa. Porque a lo que se asiste es a una ceremonia teatral que
linda con lo sagrado. El adjetivo usado para este elogio ancla en los decires
de Peter Brook.
![]() |
| Foto: Valeria Sigal |
Alfredo Martín, responsable de la
versión y la dirección, consigue insuflar el aire de Ariel a su puesta, dejando
en claro que Calibán y su comparsa deberán esperar un par de siglos (hasta el
nacimiento de Nietzsche) para tener algún tipo de reivindicación desde los
severos claustros. Calibán tiene desde su monstruosidad todas y cada una de las
causas por las que debe ser reeducado por la civilización Europea.
Bajo la batuta de Martín, todo el
elenco se mueve con natural gracia y solvencia; y la pareja de Miranda y
Fernando (que debe prometer castidad hasta la noche del himeneo tal como las
leyes y Dios mandan), no pudo estar mejor elegida.
![]() |
| Foto: Valeria Sigal |
Pero no se puede evitar un
particular elogio a Marcelo Bucossi (Próspero). Su interpretación es brillante.
Porque aún desde la sólida formación, y el abultado currículum que se le
conoce, Bucossi (como Próspero) ha
decidido romper la vara mágica, y ofrecernos un trabajo en el que alcanza la
verosimilitud con la elegante economía de recursos que el actor aplica en su
composición. Y también cabe subrayar el trabajo de Mariano Falcón (Calibán), símbolo de la desmesura, que
paradójicamente también actúa ajeno a cualquier tentación “pirotécnica” a la
que fácilmente podría sucumbir. Casi con las mismas palabras se puede hablar
del trabajo de la dúctil Bianca Vilouta
Rando. De todos modos, como quedó antes dicho, todo el elenco acompaña en
armonía con el buen gusto y la buena interpretación.
Podríamos terminar diciendo: La
Tempestad, insistimos, invita a incontables hipótesis, pero si alguien quiere tener
una amable cita con una de las más inquietantes obras de William Shakespeare y
con el buen teatro, sólo debe acercarse a la calle Paraná 660 los viernes, a las 19:45.
FM y SM
FICHA TÉCNICA:
LA TEMPESTAD, de William
Shakespeare
Versión: Alfredo Martín
Intérpretes: Julian
Belleggia, Marcelo Bucossi, Ariel Delgado, Nicolás Fabbro, Mariano Falcón,
Daniel Goglino, Brenda Margaretic, Pablo Mariuzzi, Gabriel Nicola, Nicolás
Olmos, Margaret Planes, Gustavo Reverdito, Marcelo Rodriguez, Bianca Vilouta
Rando, Ivan Vitale
Música en escena: Margarita
Rodríguez Planes
Vestuario: Aníbal Duarte
Objetos: Ana Revello, Gustavo
Reverdito
Maquillaje: Ariel Nesterczuk
Diseño de escenografía y luces: Héctor
Calmet
Música original: Gustavo Twardy
Asistencia de dirección: Cecilia
Nicolich, Analia Sirica
Dirección y puesta en escena: Alfredo
Martín
lunes, 11 de julio de 2016
De movimientos y equilibrios
Por
definición, un objeto está en equilibrio cuando las fuerzas que actúan sobre él
se compensan de tal manera que la suma total de fuerzas es nula. Durante el
período considerado como “equilibrio inestable” el objeto se aleja de su
posición inicial –por medio de alguna perturbación– para alcanzar su posición
de equilibrio estable. Esto no significa, necesariamente, un estado de quietud.
Un satélite en una órbita estable está en equilibrio. Un trompo girando, si no tuviera rozamiento
que lo detenga, estaría en perfecto equilibrio. Y ni que hablar si hablamos de
espacios intererestelares, vale decir ajenos a cualquier fuerza de atracción
gravitatoria.
Sin ir
demasiado lejos (y valga toda interpretación contingente) andar en bicicleta
bien puede ser ejemplo de equilibrio inestable, y sobre todo en
movimiento. En tiempos como los que
corren “la bicicleta” parece haber generado diferentes significados y una
cantidad aún mayor de significantes. La “bicicleta financiara” dio lugar a otra
cantidad de construcciones lingüísticas que se refirieron a todas y cada una de
las relaciones humanas. Y si bien el andar en bicicleta llegó a ser aceptado
como costumbre, llegada desde la siempre culta Europa, como medio de transporte
barato, no contaminante y beneficioso desde lo aeróbico; también se volvió
emblema del pensamiento neo-liberal (por lo menos desde nuestros lares), como
único de los pocos hechos positivos,
desde el advenimiento de las bici–sendas. Pero, siempre: la bicicleta.
Ahora bien,
plantear un hecho dramático a tres voces con la única acción física de un
constante pedaleo detenido oportunamente (y, mucho más que oportuna,
conmovedoramente frenado con la reminiscencia del sonido de la inercia como
parte estructural del hecho dramático) es un desafío tremendo en el que Micaela
Fariña (autora y directora del espectáculo) llega a la meta con andar elegante. Los tres protagonistas transitan
espacios en sprint y otros con la serenidad que exige el ciclismo urbano.
En la
bicicleta como en la vida hay que moverse para que se mueva. Y en ese
movimiento hay que sostener el equilibrio. En la bicicleta como en la vida hay
que golpearse para aprender y hay que abrir el corazón al universo para
disfrutar.
“Bicicletas, o de cómo en movimiento se llega al equilibrio”
nos propone esa metáfora. Esa comparación.
Tres vidas
diferentes que se recorren en una bicicleta que les cambió la mirada de lo
bueno y lo malo de lo que sucede. Un movimiento equilibrado que los ayuda a
olvidar, a perdonar y perdonarse, a planificar, a avanzar. En un devenir de
pedaleo, la dramaturga y directora nos lleva hacia adelante y hacia atrás, a
pesar de que es imposible ir para atrás en una bicicleta, por tres historias que en forma aparente no
tienen nada en común pero que se ligan y se van uniendo como único relato, el
de la vida misma.
“Hay que
mover las cosas para que las cosas se muevan”, reza un dicho metafísico. “Y
para mover las cosas se requiere equilibrio”, podría ser la reflexión de este
espectáculo al respecto.
Dos actrices
y un actor en estupenda labor nos hacen viajar por sus vidas y por las propias.
Despiertan un viaje hacia nuestros propios sentimientos y recuerdos desde la
cadencia de su pedaleo.
El
dispositivo escénico propicia el viaje en riguroso movimiento y exquisitos
silencios.
“Bicicletas,
o de cómo en movimiento se llega al equilibrio” es un
original espectáculo que le propone al espectador un compromiso extra en la
completud de lo que cuenta.
Rosario
Alfaro, Belén Amada, Pablo Cusenza son los exactos intérpretes que proponen
desde su viaje en bicicleta hacernos un repaso de sus vidas movilizando el
delicado mecanismo de nuestros recuerdos.
No dejen de
verlo.
S.M. y F.M.
Ficha técnica:
Dramaturgia: Micaela Fariña
Actúan: Rosario Alfaro, Belén Amada, Pablo Cusenza
Diseño de vestuario: Wanda Siri
Diseño de escenografía: Sergio Fasani
Diseño de luces: David Seiras
Diseño De Sonido: Maz Iannone
Música original: Maz Iannone
Asistencia técnica: Ariel Dabbah
Asistencia de dirección: Catalina Collardin
Coreografía: Carolina Borca
Coach Vocal: Steffi Runge
Dirección: Micaela Fariña
VIERNES 21 HS.
EL ESTEPARIO TEATRO
Medrano 484
Teléfonos: (whatsapp)1555916879 / 1541690859
domingo, 10 de julio de 2016
Contagiándonos de amor
Desde un punto de
vista etimológico –dicen los estudiosos– el término “sindrome” se acuña a
partir de los dos elementos léxicos que lo componen: sýn y drom-síndrome significa
'carrera' y 'unión', es decir, una idea de precipitación ('carrera') que se
concentra en un punto ('unión'); no es de extrañar que a partir de estos
elementos el primer significado del término en griego sea 'tumulto'. Como término médico los primeros
ejemplos seguros los encontramos en Galeno, s.
II d.C., quien cita la palabra reiteradamente como un término propio de médicos
empíricos… (y sigue).
Claro que el término extendió su
significado a otras acepciones, se habla del “síndrome de Estocolmo”, del
“síndrome del ama de casa”, del “síndrome de Peter Pan”, etc. todas éstas
cuestiones que no parecen constituir enfermedades, por lo menos desde lo
ontológico. Vamos entonces a ligar (como lo fue en un principio) el término
“síndrome” a una cuestión referida a enfermedades.
Y si un síndrome delata la
existencia de una enfermedad, lo correcto –en este caso tan especial– es desear
que esa enfermedad sea contagiosa; porque lo que se recibe desde el escenario del
Xirgú es una sobredosis de belleza. Y de amor.
Lidia y Miriam. Miriam y Lidia.
Ellas pasean sus dones por el escenario con la comodidad de quienes están en el
sector más íntimo de sus casas. Debe confesar quien redacta que ya había visto
este espectáculo en Teatro del Pueblo y que fue a la sala Xirgu con ciertas
dudas sobre la posibilidad de adaptación de la puesta al nuevo espacio. El
resultado no pudo ser mejor. La siempre segura conducción de Corina Fiorillo
ayudó a que estas inmensas actrices hicieran que el amplio espacio fuese justo
marco a sus interpretaciones. La exquisita economía de recursos de la puesta no
debe ser confundida con “minimalismo”. Por el contrario, hay una proyección del
trabajo de estas actrices que linda con la enormidad. Luces y sonido ayudaron a
disfrutar con máxima intensidad las coreografías de Mecha Fernández y la música
de Rony Keselman.
Aparecen, junto a los textos de
Martino, las poéticas de García Lorca y de Tejada Gómez. La combinación de la
música original con la ya existente es de una precisión conmovedora. Y
–permitiéndome un OTROSÍ como el de los letrados– digo, y vale, la versión de “Balada para un loco”, por Lidia Catalano,
es una rara perla. Y el final con la fusión de “Síndrome de amor”, la canción
de Víctor Heredia que da origen al título y la bellísima “Danza”, de Ivano Fossati (que popularizó Marilina Ross) es otro delicioso bocado.
Insisto: si la principal acepción de
síndrome” remite a enfermedad, es de esperar que ésta sea contagiosa. Es más,
ojalá fuese una epidemia… de amor. Y de belleza.
SÍNDROME DE AMOR es el título del
espectáculo teatral con dramaturgia de Miriam Martino que se presenta en el
Teatro Margarita Xirgú, Acúan Lidia Catalano y Miriam Martino dirigidas por
Corina Fiorillo.
F.M.
Ficha técnica
Autoría: Miriam Martino
Sobre textos de: Federico Garcia Lorca, Armando
Tejada Gómez
A partir de la canción de: Víctor Heredia
Actúan: Lidia Catalano, Miriam Martino
Vestuario y escenografía: María Mercedes Di Benedetto
Diseño de luces: Soledad Ianni
Realización de vestuario: Mariana Perez Cigoj
Música original: Rony Keselman
Coreografía: Mecha Fernández
Asistencia de dirección: María Mercedes Di Benedetto
Dirección: Corina Fiorillo
XIRGU - ESPACIO UNTREF - Chacabuco 875
Sábados a las 21.
Etiquetas:
Corina Fiorillo,
Fernando Musante,
Lidia Catalano,
Mecha Fernandez,
Miriam Martino,
Rony Keselman,
Síndrome de amor,
Stella Matute,
Tenerte al Tanto
Contagiándonos de amor
Desde un punto de
vista etimológico –dicen los estudiosos– el término “sindrome” se acuña a
partir de los dos elementos léxicos que lo componen: sýn y drom-síndrome significa
'carrera' y 'unión', es decir, una idea de precipitación ('carrera') que se
concentra en un punto ('unión'); no es de extrañar que a partir de estos
elementos el primer significado del término en griego sea 'tumulto'. Como término médico los primeros
ejemplos seguros los encontramos en Galeno, s.
II d.C., quien cita la palabra reiteradamente como un término propio de médicos
empíricos… (y sigue).
Claro que el término extendió su
significado a otras acepciones, se habla del “síndrome de Estocolmo”, del
“síndrome del ama de casa”, del “síndrome de Peter Pan”, etc. todas éstas
cuestiones que no parecen constituir enfermedades, por lo menos desde lo
ontológico. Vamos entonces a ligar (como lo fue en un principio) el término
“síndrome” a una cuestión referida a enfermedades.
Y si un síndrome delata la
existencia de una enfermedad, lo correcto –en este caso tan especial– es desear
que esa enfermedad sea contagiosa; porque lo que se recibe desde el escenario del
Xirgú es una sobredosis de belleza. Y de amor.
Lidia y Miriam. Miriam y Lidia.
Ellas pasean sus dones por el escenario con la comodidad de quienes están en el
sector más íntimo de sus casas. Debe confesar quien redacta que ya había visto
este espectáculo en Teatro del Pueblo y que fue a la sala Xirgu con ciertas
dudas sobre la posibilidad de adaptación de la puesta al nuevo espacio. El
resultado no pudo ser mejor. La siempre segura conducción de Corina Fiorillo
ayudó a que estas inmensas actrices hicieran que el amplio espacio fuese justo
marco a sus interpretaciones. La exquisita economía de recursos de la puesta no
debe ser confundida con “minimalismo”. Por el contrario, hay una proyección del
trabajo de estas actrices que linda con la enormidad. Luces y sonido ayudaron a
disfrutar con máxima intensidad las coreografías de Mecha Fernández y la música
de Rony Keselman.
Aparecen, junto a los textos de
Martino, las poéticas de García Lorca y de Tejada Gómez. La combinación de la
música original con la ya existente es de una precisión conmovedora. Y
–permitiéndome un OTROSÍ como el de los letrados– digo, y vale, la versión de “Balada para un loco”, por Lidia Catalano,
es una rara perla. Y el final con la fusión de “Síndrome de amor”, la canción
de Víctor Heredia que da origen al título y la bellísima “Danza”, de Ivano Fossati (que popularizó Marilina Ross) es otro delicioso bocado.
Insisto: si la principal acepción de
síndrome” remite a enfermedad, es de esperar que ésta sea contagiosa. Es más,
ojalá fuese una epidemia… de amor. Y de belleza.
SÍNDROME DE AMOR es el título del
espectáculo teatral con dramaturgia de Miriam Martino que se presenta en el
Teatro Margarita Xirgú, Acúan Lidia Catalano y Miriam Martino dirigidas por
Corina Fiorillo.
F.M.
Ficha técnica
Autoría: Miriam Martino
Sobre textos de: Federico Garcia Lorca, Armando
Tejada Gómez
A partir de la canción de: Víctor Heredia
Actúan: Lidia Catalano, Miriam Martino
Vestuario y escenografía: María Mercedes Di Benedetto
Diseño de luces: Soledad Ianni
Realización de vestuario: Mariana Perez Cigoj
Música original: Rony Keselman
Coreografía: Mecha Fernández
Asistencia de dirección: María Mercedes Di Benedetto
Dirección: Corina Fiorillo
XIRGU - ESPACIO UNTREF - Chacabuco 875
Sábados a las 21.
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Tenerte al Tanto
Contagiándonos de amor
Desde un punto de
vista etimológico –dicen los estudiosos– el término “sindrome” se acuña a
partir de los dos elementos léxicos que lo componen: sýn y drom-síndrome significa
'carrera' y 'unión', es decir, una idea de precipitación ('carrera') que se
concentra en un punto ('unión'); no es de extrañar que a partir de estos
elementos el primer significado del término en griego sea 'tumulto'. Como término médico los primeros
ejemplos seguros los encontramos en Galeno, s.
II d.C., quien cita la palabra reiteradamente como un término propio de médicos
empíricos… (y sigue).
Claro que el término extendió su
significado a otras acepciones, se habla del “síndrome de Estocolmo”, del
“síndrome del ama de casa”, del “síndrome de Peter Pan”, etc. todas éstas
cuestiones que no parecen constituir enfermedades, por lo menos desde lo
ontológico. Vamos entonces a ligar (como lo fue en un principio) el término
“síndrome” a una cuestión referida a enfermedades.
Y si un síndrome delata la
existencia de una enfermedad, lo correcto –en este caso tan especial– es desear
que esa enfermedad sea contagiosa; porque lo que se recibe desde el escenario del
Xirgú es una sobredosis de belleza. Y de amor.
Lidia y Miriam. Miriam y Lidia.
Ellas pasean sus dones por el escenario con la comodidad de quienes están en el
sector más íntimo de sus casas. Debe confesar quien redacta que ya había visto
este espectáculo en Teatro del Pueblo y que fue a la sala Xirgu con ciertas
dudas sobre la posibilidad de adaptación de la puesta al nuevo espacio. El
resultado no pudo ser mejor. La siempre segura conducción de Corina Fiorillo
ayudó a que estas inmensas actrices hicieran que el amplio espacio fuese justo
marco a sus interpretaciones. La exquisita economía de recursos de la puesta no
debe ser confundida con “minimalismo”. Por el contrario, hay una proyección del
trabajo de estas actrices que linda con la enormidad. Luces y sonido ayudaron a
disfrutar con máxima intensidad las coreografías de Mecha Fernández y la música
de Rony Keselman.
Aparecen, junto a los textos de
Martino, las poéticas de García Lorca y de Tejada Gómez. La combinación de la
música original con la ya existente es de una precisión conmovedora. Y
–permitiéndome un OTROSÍ como el de los letrados– digo, y vale, la versión de “Balada para un loco”, por Lidia Catalano,
es una rara perla. Y el final con la fusión de “Síndrome de amor”, la canción
de Víctor Heredia que da origen al título y la bellísima “Danza”, de Ivano Fossati (que popularizó Marilina Ross) es otro delicioso bocado.
Insisto: si la principal acepción de
síndrome” remite a enfermedad, es de esperar que ésta sea contagiosa. Es más,
ojalá fuese una epidemia… de amor. Y de belleza.
SÍNDROME DE AMOR es el título del
espectáculo teatral con dramaturgia de Miriam Martino que se presenta en el
Teatro Margarita Xirgú, Acúan Lidia Catalano y Miriam Martino dirigidas por
Corina Fiorillo.
Ficha técnica
Autoría: Miriam Martino
Sobre textos de: Federico Garcia Lorca, Armando
Tejada Gómez
A partir de la canción de: Víctor Heredia
Actúan: Lidia Catalano, Miriam Martino
Vestuario y escenografía: María Mercedes Di Benedetto
Diseño de luces: Soledad Ianni
Realización de vestuario: Mariana Perez Cigoj
Música original: Rony Keselman
Coreografía: Mecha Fernández
Asistencia de dirección: María Mercedes Di Benedetto
Dirección: Corina Fiorillo
XIRGU - ESPACIO UNTREF - Chacabuco 875
Sábados a las 21.
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Lidia Catalano,
Mecha Fernandez,
Miriam Martino,
Rony Keselman,
Síndrome de amor,
Stella Matute,
Tenerte al Tanto
Contagiándonos de amor
Desde un punto de
vista etimológico –dicen los estudiosos– el término “sindrome” se acuña a
partir de los dos elementos léxicos que lo componen: sýn y drom-síndrome significa
'carrera' y 'unión', es decir, una idea de precipitación ('carrera') que se
concentra en un punto ('unión'); no es de extrañar que a partir de estos
elementos el primer significado del término en griego sea 'tumulto'. Como término médico los primeros
ejemplos seguros los encontramos en Galeno, s.
II d.C., quien cita la palabra reiteradamente como un término propio de médicos
empíricos… (y sigue).
Claro que el término extendió su
significado a otras acepciones, se habla del “síndrome de Estocolmo”, del
“síndrome del ama de casa”, del “síndrome de Peter Pan”, etc. todas éstas
cuestiones que no parecen constituir enfermedades, por lo menos desde lo
ontológico. Vamos entonces a ligar (como lo fue en un principio) el término
“síndrome” a una cuestión referida a enfermedades.
Y si un síndrome delata la
existencia de una enfermedad, lo correcto –en este caso tan especial– es desear
que esa enfermedad sea contagiosa; porque lo que se recibe desde el escenario del
Xirgú es una sobredosis de belleza. Y de amor.
Lidia y Miriam. Miriam y Lidia.
Ellas pasean sus dones por el escenario con la comodidad de quienes están en el
sector más íntimo de sus casas. Debe confesar quien redacta que ya había visto
este espectáculo en Teatro del Pueblo y que fue a la sala Xirgu con ciertas
dudas sobre la posibilidad de adaptación de la puesta al nuevo espacio. El
resultado no pudo ser mejor. La siempre segura conducción de Corina Fiorillo
ayudó a que estas inmensas actrices hicieran que el amplio espacio fuese justo
marco a sus interpretaciones. La exquisita economía de recursos de la puesta no
debe ser confundida con “minimalismo”. Por el contrario, hay una proyección del
trabajo de estas actrices que linda con la enormidad. Luces y sonido ayudaron a
disfrutar con máxima intensidad las coreografías de Mecha Fernández y la música
de Rony Keselman.
Aparecen, junto a los textos de
Martino, las poéticas de García Lorca y de Tejada Gómez. La combinación de la
música original con la ya existente es de una precisión conmovedora. Y
–permitiéndome un OTROSÍ como el de los letrados– digo, y vale, la versión de “Balada para un loco”, por Lidia Catalano,
es una rara perla. Y el final con la fusión de “Síndrome de amor”, la canción
de Víctor Heredia que da origen al título y la bellísima “Danza”, de Ivano Fossati (que popularizó Marilina Ross) es otro delicioso bocado.
Insisto: si la principal acepción de
síndrome” remite a enfermedad, es de esperar que ésta sea contagiosa. Es más,
ojalá fuese una epidemia… de amor. Y de belleza.
SÍNDROME DE AMOR es el título del
espectáculo teatral con dramaturgia de Miriam Martino que se presenta en el
Teatro Margarita Xirgú, Acúan Lidia Catalano y Miriam Martino dirigidas por
Corina Fiorillo.
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Tenerte al Tanto
martes, 5 de julio de 2016
Malanca canta a La Habana
Malanca arriesga. Y gana. En su búsqueda por lo precioso, desde lo propio, encontró en su amor por la canción del gran Silvio Rodríguez, una experiencia tanguera que, sin dudas, la realiza como tanguera única en su estilo.
Lo cuenta en "su despedida" de este material: un día se propuso un cruce singular entre algunas canciones del trovador cubano y el tango y se "obsesionó". Y encontró al "partenaire" perfecto en Martín Elizalde, responsable de los arreglos y la producción del disco.
La atmósfera porteña que Malanca y Elizalde han conseguido sobre parte del extenso repertorio de Silvio, nos plantea preguntarnos cuánto de tango hay en ese maravilloso poeta de la canción iberoamericana y cuánto de esa canción hay en el tango. Y desde esa pregunta buscar respuestas integradoras para la cultura americana.
Para los que hemos pasado gran parte de nuestra juventud escuchando "Oleo de una mujer con sombrero" por mencionar una de las más conocidas, es gran disparador de emociones sorprenderse con la recreación de Malanca. Es como encontrarse con el primer amor después de muchos años y que el paso del tiempo lo haya embellecido. Es apropiarse de algo ajeno pero propio. Es encontrar el latido argento en el epicentro del corazón cubano.
"Silvio Malanca" o "Patricia Rodríguez" pretendieron despedirse de algo el jueves 30 de junio en el escenario del Tasso. Pero nadie puede despedirse de lo que siempre está llegando. Y la emoción que se vivió en los que asistimos a ese íntimo encuentro de genuinas culturas sabemos que seguiremos escuchando tanguedad en Silvio y a Rodríguez en el tango por obra y gracia de Malanca.
Patricia tiende puentes. Y al cruzarlos, quien la escucha puede bailarse un tanguito con "Alguien", disfruta una milonga en "Paloma mía", sonreír melancólico al ritmo de un valsesito con "Historia de la silla" o encontrar su identidad tanguera en "Rosana".
"Canto arena", "Debo", "El problema", "Te doy una canción", "Requiem" y "Mi lecho está tendido" son el resto de las canciones versionadas que le hacen sentir al que escucha que Malanca le dice a Silvio, de manera bien íntima y 'rodando por Callao': -mirá, varón, 'aunque nadie te vea nunca conmigo' yo te llevo siempre bordado en mis sentimientos.
S.M. y F.M.
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