Mostrando entradas con la etiqueta Norberto Gonzalo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Norberto Gonzalo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de agosto de 2022

Stefano, la potencia de nuestros ancestros

 

Mis cuatro abuelos eran españoles. Los cuatro llegaron a “l´América” por separado y cargados de ilusiones entre 1905 y 1909. Por esas cosas de la inmigración, los cuatro viajaron casi mil kilómetros entre el Puerto de Buenos Aires y una tierra promisoria llamada Mendoza. Los cuatro fueron casi fundadores de San Rafael, lugar donde yo, muchos años más tarde, nací.

Mi abuelo paterno se suicidó a los 33 años y su mujer lo siguió muy poco después, dicen que de tristeza. Dejaron tres hijos pequeños. Uno de ellos fue mi padre, que se quedó huérfano a los seis años. A mi padre lo adoptaron otros inmigrantes españoles que ya eran padres de cuatro varones y una mujer, que luego fue mi madre. Sí, mi padre y mi madre, hijos de inmigrantes, se criaron casi como hermanos dentro de una comunidad endogámica que se sostenía en las tristezas que la emigración primero y la inmigración después dejan como huellas imborrables. Mi abuela materna también se quedó viuda muy joven y  fue la que más sobrevivió a esas tristezas que la horadaban. Sin perder nunca su acento castizo siempre hablaba de su tierra, del hambre, de la desesperanza, del viaje en barco, de la pérdida de unos de sus hermanitos en el puerto, al que no volvió a ver nunca más, y del comienzo de la nueva vida en ese pueblo argentino que la había recibido y que ella amaba.

Emigración. Inmigración. ¿De cuántas tragedias, de cuántas ilusiones perdidas, de cuántas familias destrozadas, hablamos cuando hablamos de estas cosas? ¿De cuántas esperanzas, de cuánto esfuerzo, de cuánta lucha, de cuánta frustración?

La obra teatral “Stefano”, de Armando Discépolo, está escrita en 1928. Y narra mucho de lo que narraba mi abuela, pero en una familia italiana. La ilusión, la esperanza, la frustración, el fracaso, la muerte prematura. Muerte decidida o prepotente, da lo mismo.

Siempre es una ilusión y un desafío de los grandes para un elenco encarar la puesta en escena de “un Stéfano”, y si además es en el territorio del teatro independiente, ese desafío se agranda en forma desmesurada. Y la ilusión también. Ilusión y desafío parecidos a aquellos de los inmigrantes que poblaron esta tierra en los comienzos del siglo XX y que tan bien retrata Discépolo en sus obras.

La versión que se está ofreciendo todos los sábados en el Teatro La Máscara atesora esa  ilusión y supera el desafío. 

Osmar Nuñez a cargo de la dirección y puesta en escena logra atravesar tiempos y espacios y hace que Stéfano sea un hombre de 1928 y al mismo tiempo uno que camina hoy nuestras calles. Y también su exquisita batuta hace que todos los instrumentos humanos que habitan ese escenario suenen en una misma frecuencia, y actrices y actores no desafinen nunca. Todo el elenco suena en una armónica melodía.

Jorge Paccini y Elena Petraglia encarnando a María Rosa y Don Alfonso, se calzan al eterno e indisoluble matrimonio que pareciera moverse en una coreografía sin fisuras. El dúo le pone el tono justo al grotesco y la tragedia en el comienzo del espectáculo y diseña el camino para que el resto del elenco lo recorra con soltura.

Párrafo aparte para Norberto Gonzalo que carga con el peso de la complejidad de ese personaje protagónico y la alegría de su sueño cumplido. Ha encontrado, sin dudas, en Stefano al personaje exacto para calzarle su piel y su alma. Lo encara con una sensibilidad que emociona. Parecería que su extensa trayectoria actoral se ha puesto al servicio de esta criatura que atraviesa a la platea con su tragedia.

Osmar Nuñez, nuestro inmenso actor, ha elegido para dirigir este espectáculo un equipo que entendió su propuesta y la potenció; la escenografía y vestuario de Alejandro Mateo le aporta belleza al dolor gris de esa historia que sucedió comenzando el siglo XX y se extiende hasta el transcurso de estos atribulados tiempos que vivimos. La puesta y la dirección de actores de un director que es actor, devienen en un gran espectáculo en el que priman la sencillez y la nobleza.

Cuando la luz comenzó a bajar sobre el escenario y los acordes finales de los delicados arreglos musicales de Gerardo Amarante sonaron, entre lágrimas vi como mis cuatro abuelos se abrazaban emocionados en el fondo del escenario, detrás de esa foto final de la familia de Stefano.

Stella Matute
Agosto, 2022

FICHA ARTÍSTICO/TÉCNICA:

Autor: Armando Discépolo

Elenco: Norberto Gonzalo, Patricio Gonzalo, Pablo Mariuzzi, Jorge Paccini, Elena Petraglia, Paloma Santos, Lucas Soriano, Maria Nydia Ursi-Ducó

Diseño de vestuario y escenografía: Alejandro Mateo

Diseño de luces: Cristina Lahet

Fotografía: Ana Maria Ferrari

Diseño gráfico: Leandro Correa

Asistencia artística: Mónica Benavidez

Asistencia de dirección: Ruth Scheinsohn

Prensa: Marcos Mutuverría

Arreglos musicales: Gerardo Amarante

Producción ejecutiva: Claudia Díaz

Dirección: Osmar Nuñez

TEATRO LA MÁSCARA - Piedras 736- CABA - Reservas: 4307-0566

Sábados 21 hs. 


martes, 23 de julio de 2019

"CUARTELES DE INVIERNO", un desafío muy bien logrado


Dos hombres. Un boxeador venido a menos y un cantante de tangos otrora prestigioso. Una estación de trenes de un pueblo perdido que festejará su aniversario en tiempos de horror, uniformes y botas. Allí se conocen esos dos solitarios que se miden desde sus diferentes perspectivas. Pronto irán descubriendo cosas en común: la dignidad, por ejemplo. Ambos se sienten por fuera de la política pero eso no les evitará enredarse en problemas con los autoritarios poderosos del lugar. Muy pronto se verán envueltos en un mundo brutalmente despótico y opresor. Justamente eso es lo que los unirá en una amistad sin tregua donde la lealtad superará toda diferencia.

“Cuarteles de invierno” es una de las novelas más emblemáticas del admirado escritor Osvaldo Soriano. Escrita y publicada en los tiempos oscuros de la dictadura militar argentina, pronto se convirtió en una burbuja de oxígeno para quienes nos sentíamos ahogados por la falta de aire de esos días. Ni bien se restauró la Democracia en el país, Lautaro Murúa llevó una versión al cine que también se convirtió muy pronto en un éxito.

Con todo ese buen peso sobre los hombros, el autor y director Daniel Moreno decidió llevar adelante una versión teatral de la legendaria novela. Y sale más que bien parado de tamaño desafío, poniendo en escena un espectáculo sólido en actuaciones, bello en imagen y sintético en relato. Con gran economía de recursos y sosteniéndose en el trabajo, los cuerpos y el talento de sus actores, el espectáculo entretiene, angustia y divierte.

Norberto Gonzalo, Luis Manchini, Jorge Noya, Daniel Toppino y Néstor Villa se mueven cómodos en sus roles, doblan personajes, asfixian y dan respiro, logrando recrear el clima de ese pueblo atravesado por el depotismo y la tiranía. El miedo, la lealtad, la solidaridad, el horror y la venganza son algunos de los temas con los que este espectáculo se mete, haciendo honor al gran texto del querido Gordo Soriano.

La cita es: DOMINGOS 18.15 en NoAveztruz, Humboldt 1857 (hasta el 25 de agosto). 
No se lo pierdan.
Stella Matute