"Deviniendo Tato" es, más que un unipersonal, una experiencia compartida entre escena y memoria, entre psicodrama y biodrama.
Maxi Sarramone se convierte en el cuerpo y la voz de Eduardo “Tato” Pavlovsky, uno de nuestros artistas más inquietos y multifacéticos de la cultura nacional. Lo encarna en su rol de psicólogo, desplegando en escena una sesión grupal en la que, con enorme versatilidad y talento, da vida tanto al terapeuta como a los pacientes. Ese tránsito, cargado de matices y de una energía precisa, logra que reconozcamos en cada gesto la potencia creativa del admirado Tato Pavlovsky creador, analista, actor y militante.
El texto, escrito por Rodrigo Cárdenas y Gabriela Villalonga, no es un simple homenaje. Se trata de un entramado vivo, nacido de la propia experiencia de los autores y del intérprete, quienes fueron parte del consultorio grupal de Tato. Esa cercanía convierte al espectáculo en una especie de biodrama en el que la ficción se mezcla con lo vivido, otorgando una autenticidad que interpela y conmueve. "Deviniendo Tato" no se queda en la solemnidad del tributo: entretiene, provoca risa y complicidad, pero también incomoda al desnudar heridas colectivas y subjetivas. Se convierte en un devenir -justamente- de hallazgos que nos remiten tanto a lo personal como a lo social.
La dirección apuesta a la sencillez y a la intensidad emocional, confiando en la entrega actoral de Maxi, que se desdobla con naturalidad y precisión. El resultado es un viaje teatral donde lo íntimo se vuelve universal y lo terapéutico deviene artístico.
El cierre, con una charla abierta con el público, completa la experiencia: la escena se expande hacia el encuentro real, como solía buscar Pavlovsky en su praxis y en su teatro. Así, el espectáculo no solo recuerda a Tato, sino que lo reactualiza, lo trae de nuevo a la conversación presente.
Un homenaje vivo, inquieto, tan humano como necesario.







