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lunes, 22 de noviembre de 2021

Venganza, Amistad y Amor

¿Cuánto tiempo se necesita para llevar a cabo una venganza? A veces toda la vida.

Este es uno de los temas que aborda “Chaco arde”, el melodrama musical queer creado por Belén Amada, Micaela Fariña y Gonzalo Quintana, quien además está a cargo de la dirección del espectáculo. Evidentemente un espectáculo visceral desde su origen.

Sandra Díaz y Alejandra Gorriti son dos amigas que han recorrido juntas el camino desde una adolescencia vapuleada por el bullyng hasta una adultez que las encuentra sedientas por castigar a sus antiguos agresores. Y ese camino las deposita en una ruta que las lleva al  Chaco, donde dos de sus compañeres de secundaria consumarán un casamiento al que ellas no han sido invitadas. Con el que, obviamente, no están de acuerdo. Y están dispuestas a todo por impedirlo. A todo.

En ese “a todo”, el director Gonzalo Quintana cuenta con dos actrices de una entrega y un talento inusitados que se entregan a la historia sin guardarse nada o, al menos, ofreciendo mucho. El espectáculo tiene esa impronta generosa de la creación colectiva, de la investigación que genera confianza escénica y que el espectador disfruta agradecido. Aún en algunas desprolijidades vocales que dificultan comprender algunos diálogos o alguna ausencia de síntesis, el trabajo interpela, conmueve, contagia entusiasmo, impacta y cala hondo en quien se entrega a ese viaje que va del disparate a la ternura sin escala.

Micaela Fariña es Sandra, una mujer que no puede olvidar un beso que una compañera le dio en Bariloche, cuando el viaje de egresades les proponía que todo era posible. “Un beso como no se besa a una amiga”. Está convencida de que eso que ella siente desde ese tiempo hasta hoy es el verdadero amor y que todo lo demás es mentira. Para contarnos ese sentimiento cuenta con un instrumento físico,  vocal y musical envidiables. Y lo usa. Vaya si lo usa.

Y Marina Ortega –que se incorporó al espectáculo en esta temporada- no le va en saga. Construye desde las entrañas a su Alejandra, esa amiga incondicional, todoterreno, que puede matar por defender a quien ama. Y le imprime a su composición la fuerza de un secreto que le vibra de pies a cabeza. Su trabajo tiene la impronta de una ofrenda.

Hermosas las dos, por momentos arriesgan mucho en esa entrega. Y se recomponen, y emocionan en ese margen de la ternura que da respiro. Y ahí hace pie la venganza, en la ternura y el amor. Que es la única forma de venganza aceptable.

Menudo trabajo ha tenido el director para ordenar ese desborde de talento y entrega.

El espacio escénico del Tadrón no podría ser mejor lugar para que estas dos mujeres se entreguen a la libertad de sus cuerpos y sus voces. Dicen que les quedan sólo dos funciones. Pero arriesgamos a  augurarles unas cuantas temporadas más.

No se lo pierdan.

Stella Matute


FICHA ARTÍSTICO TÉCNICA:

Autores: Belén Amada, Micaela Fariña, Gonzalo Quintana

Actrices: Micaela Fariña, Marina Ortega

Diseño de vestuario: Mailen Calvo

Diseño de escenografía: Lula Rojo

Diseño de luces: Samir Carrillo

Visuales: Eliana Agüero

Fotografía: Gastón Marín

Diseño gráfico: Roy Cifre

Asesoramiento De Movimiento: Sebastián Villagra

Asistencia técnica: Josefina Bonnet

Asistencia de dirección: Belén Amada, Kika Monte

Coreografía: Sebastián Villagra

Dirección: Gonzalo Quintana


SÁBADOS 21 hs. en TADRON TEATRO

Niceto Vega 4802 CABA - Argentina

Teléfonos: 4777-7976

lunes, 11 de julio de 2016

De movimientos y equilibrios


Por definición, un objeto está en equilibrio cuando las fuerzas que actúan sobre él se compensan de tal manera que la suma total de fuerzas es nula. Durante el período considerado como “equilibrio inestable” el objeto se aleja de su posición inicial –por medio de alguna perturbación– para alcanzar su posición de equilibrio estable. Esto no significa, necesariamente, un estado de quietud. Un satélite en una órbita estable está en equilibrio.  Un trompo girando, si no tuviera rozamiento que lo detenga, estaría en perfecto equilibrio. Y ni que hablar si hablamos de espacios intererestelares, vale decir ajenos a cualquier fuerza de atracción gravitatoria.

Sin ir demasiado lejos (y valga toda interpretación contingente) andar en bicicleta bien puede ser ejemplo de equilibrio inestable, y sobre todo en movimiento.  En tiempos como los que corren “la bicicleta” parece haber generado diferentes significados y una cantidad aún mayor de significantes. La “bicicleta financiara” dio lugar a otra cantidad de construcciones lingüísticas que se refirieron a todas y cada una de las relaciones humanas. Y si bien el andar en bicicleta llegó a ser aceptado como costumbre, llegada desde la siempre culta Europa, como medio de transporte barato, no contaminante y beneficioso desde lo aeróbico; también se volvió emblema del pensamiento neo-liberal (por lo menos desde nuestros lares), como único de los pocos hechos positivos,  desde el advenimiento de las bici–sendas. Pero, siempre: la bicicleta.

Ahora bien, plantear un hecho dramático a tres voces con la única acción física de un constante pedaleo detenido oportunamente (y, mucho más que oportuna, conmovedoramente frenado con la reminiscencia del sonido de la inercia como parte estructural del hecho dramático) es un desafío tremendo en el que Micaela Fariña (autora y directora del espectáculo) llega a la meta con andar elegante. Los tres protagonistas transitan espacios en sprint y otros con la serenidad que exige el ciclismo urbano.

En la bicicleta como en la vida hay que moverse para que se mueva. Y en ese movimiento hay que sostener el equilibrio. En la bicicleta como en la vida hay que golpearse para aprender y hay que abrir el corazón al universo para disfrutar.

“Bicicletas, o de cómo en movimiento se llega al equilibrio” nos propone esa metáfora. Esa comparación.

Tres vidas diferentes que se recorren en una bicicleta que les cambió la mirada de lo bueno y lo malo de lo que sucede. Un movimiento equilibrado que los ayuda a olvidar, a perdonar y perdonarse, a planificar, a avanzar. En un devenir de pedaleo, la dramaturga y directora nos lleva hacia adelante y hacia atrás, a pesar de que es imposible ir para atrás en una bicicleta, por  tres historias que en forma aparente no tienen nada en común pero que se ligan y se van uniendo como único relato, el de la vida misma.

“Hay que mover las cosas para que las cosas se muevan”, reza un dicho metafísico. “Y para mover las cosas se requiere equilibrio”, podría ser la reflexión de este espectáculo al respecto.

Dos actrices y un actor en estupenda labor nos hacen viajar por sus vidas y por las propias. Despiertan un viaje hacia nuestros propios sentimientos y recuerdos desde la cadencia de su pedaleo.

El dispositivo escénico propicia el viaje en riguroso movimiento y exquisitos silencios.
“Bicicletas, o de cómo en movimiento se llega al equilibrio” es un original espectáculo que le propone al espectador un compromiso extra en la completud de lo que cuenta.

Rosario Alfaro, Belén Amada, Pablo Cusenza son los exactos intérpretes que proponen desde su viaje en bicicleta hacernos un repaso de sus vidas movilizando el delicado mecanismo de nuestros recuerdos.


No dejen de verlo.

S.M. y F.M. 


Ficha técnica:

Dramaturgia: Micaela Fariña
Actúan: Rosario Alfaro, Belén Amada, Pablo Cusenza
Diseño de vestuario: Wanda Siri
Diseño de escenografía: Sergio Fasani
Diseño de luces: David Seiras
Diseño De Sonido: Maz Iannone
Música original: Maz Iannone
Asistencia técnica: Ariel Dabbah
Asistencia de dirección: Catalina Collardin
Coreografía: Carolina Borca
Coach Vocal: Steffi Runge
Dirección: Micaela Fariña

VIERNES 21 HS.

EL ESTEPARIO TEATRO
Medrano 484
Teléfonos: (whatsapp)1555916879 / 1541690859