Confieso que Eugène Ionesco es uno de esos autores con los que nunca he logrado establecer una verdadera complicidad. Será mi ignorancia, pero su universo teatral -aun reconociendo su importancia y su indiscutible valor dentro de la dramaturgia universal- suele dejarme un poco afuera. Tal vez por eso, mi encuentro con esta versión de RINOCERONTE, adaptada y dirigida por Rubén Pires, tuvo el atractivo adicional de descubrir una propuesta capaz de acercarme a ese universo desde otro lugar.
Pires construye un espectáculo ágil, dinámico, que encuentra en el absurdo una inquietante resonancia con nuestro presente. Y no necesita forzar demasiado las correspondencias: basta mirar alrededor para advertir que la realidad contemporánea parece empeñada en competir con las situaciones más disparatadas de la ficción. Lo que alguna vez pudo parecer una exageración teatral hoy adquiere una familiaridad bastante perturbadora.
Uno de los grandes méritos de esta puesta es su elenco numeroso, apasionado, talentoso y comprometido. Actrices y actores que ponen garra, talento, desenfado y una energía contagiosa al servicio de una propuesta común. Se percibe un trabajo en conjunto sólido, en el que cada integrante sabe aprovechar las posibilidades de las situaciones que le toca transitar, tanto en lo individual como en lo grupal. Le sacan el jugo a cada escena, se entregan al juego teatral y, fundamentalmente, trabajan todos para el mismo lado. Algo que se dice fácilmente, pero que no siempre se consigue.
Y como frutilla de la torta, un protagonista de extraordinaria ductilidad expresiva y notable destreza física. Marito Falcón es el único integrante del elenco que permanece en escena durante toda la representación, sosteniendo un recorrido de enorme exigencia. Su trabajo crece en intensidad de manera admirable, administrando la energía con inteligencia y precisión hasta alcanzar un in crescendo que merece un reconocimiento especial.
Rubén Pires vuelve a demostrar su talento para convocar, conducir y amalgamar un elenco numeroso, enfrentando las complejidades de un texto que no ofrece precisamente un camino sencillo. Hay oficio, imaginación y, sobre todo, una clara voluntad de hacer teatro con otros, de construir un lenguaje compartido, colectivo y conseguir que esa maquinaria escénica funcione.
El público lo recibe con entusiasmo. Y no es un dato menor.
Porque en estos tiempos, conseguir reunir a tantos artistas, sostener una propuesta de semejante exigencia y lograr que el resultado encuentre una respuesta cálida en la platea constituye, dentro del circuito del teatro independiente, una verdadera proeza.
Puede que Ionesco siga sin ser mi autor. Pero este RINOCERONTE me permitió disfrutar de algo que siempre celebro: un grupo de teatristas trabajando con pasión, convicción y talento para que el teatro suceda.
Y eso, para mí, siempre merece un aplauso. Gran aplauso.
QUIÉNES LO HACEN
Autor: Eugène Ionesco
Adaptación: Rubén Pires
Traducción: Pablo Rey
Elenco: Sofía Brusisi, Emanuel Cacace, Alexa Cassin, Juan Cruz Cortés, Pablo Drigo, Alejandro Dufau, Leonardo Evrard, Marito Falcón, Jorge García Marino, Paloma Santos, Iardena Stilman, Mónica Valenzuela, Eduardo Vigovsky
Vestuario: Nélida Bellomo, Rubén Pires
Maquillaje: Analía Arcas
Escenografía: Rubén Pires
Realización de máscaras: Juan Reinberg
Música y efectos sonoros: Claudio Martini
Iluminación: Roberto Traferri
Fotografía: Manuela Cingolani, Marikena Riera
Diseño gráfico:Nahuel Lamoglia
Asistencia De Producción: Juan Cruz Cortés
Asistencia de dirección: Juan Cruz Cortés
Prensa: Paula Simkin
Coreografía: Nicolás Berrueta
Coaching actoral: Orlando Santos
Dirección vocal: Marina Tamara Kohanoff
Director asistente: Darío Restuccio
Puesta en Escena y Dirección: Rubén Pires
DÓNDE Y CUÁNDO
ANDAMIO ´90
Paraná 660 - CABA - Argentina
Sábados - 18:00 hs



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